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      <title>Calderon: el rompimiento</title>
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      <pubDate>Thu, 22 Jul 2010 12:46:12 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/7/22_Calderon__el_rompimiento_files/Calderon%20copy1.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object002_2.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;En “La mafia que se adueñó de México…y el 2012”, el último libro de Andrés Manuel López Obrador, el autor afirma que quienes impusieron a Felipe Calderón le achacan hoy el desastre: “lo están exhibiendo como el único responsable”, y añade: “han echado a andar una operación de recambio…que con el apoyo de los medios busca inducir la idea de que la solución…radica en el regreso del PRI”. El libro de AMLO resultó premonitorio. Un mes después apareció en Reforma un artículo de opinión de Claudio X. González Guajardo, presidente de la Fundación Televisa, quien “a título personal” condenó a Calderón al fracaso. El fulminante título de su colaboración degrada a Calderón: “De Presidente de México a Presidente del PAN”. (El autor es hijo de Claudio X. González Laporte, conocido asesor salinista, ex presidente del Consejo Coordinador Empresarial y consejero de innumerables empresas nacionales y extranjeras.)&lt;br/&gt;Calderón es un hombre “valiente, pero lleno de obsesiones y prejuicios”, comienza González Guajardo, fincando la valentía en el lugar común de la guerra contra el crimen organizado: algo que todos reconocemos como una de sus actuales obsesiones. La otra es ganar las elecciones de 2012. El autor interpretó puntualmente un fenómeno que se comenzó a gestar en Los Pinos, cuando la “guerra contra el crimen organizado” se convirtió inesperadamente en “lucha por la seguridad pública”. Muchos hicimos una lectura equivocada del cambio. Lo interpretamos como una estrategia electoral con miras al 4 de julio pasado, o simplemente como un reconocimiento del destino inexorable de una guerra imprudente, desatada sin objetivos claros ni estrategia de salida. González Guajardo, en cambio, atribuye la súbita retirada de la guerra contra el crimen a una acendrada debilidad personal del mandatario: el PAN y la política de oposición. &lt;br/&gt;Cuatro años y 24,800 muertos después, cansado de los molinos de viento del narcotráfico y cubierto con el polvo de la derrota, Calderón regresa al único puesto en donde se siente cómodo: la trinchera del PAN. Más que estadista, el artículo de González Guajardo reconoce en el mandatario a un arraigado hombre de partido, un acendrado político de oposición: “es en la oposición donde Felipe Calderón funciona mejor”. &lt;br/&gt;Después analiza detenidamente la carrera del mandatario, desde que era un joven político “arrojado, idealista, perseverante”, obsesionado con sacar al PRI de Los Pinos, hasta el momento actual, en el que su obsesión es ganar la elección de 2012. Muestra a un Calderón que durante el sexenio de Fox “languidece” en puestos administrativos, “que sin ser menores producían magros resultados”. Dice que al llegar la campaña presidencial de 2006, cuando regresa a la trinchera del PAN, le “arrebata la candidatura a Creel, y luego la Presidencia a López Obrador”. “Arrebatar” fue un verbo a la medida, usado deliberadamente por alguien que sin ser periodista ni hombre de letras lanzó esta lapidaria condena contra Felipe Calderón: “es un árbol bajo cuya sombra no crece nada”. &lt;br/&gt;La sugerencia es que Calderón abandonó todo para regresar a dirigir las elecciones del 4 de julio, que según los oráculos de la política nacional serían la puerta para el 2012; regresó a dirigir las alianzas con el PRD (“César Nava no dirige nada _sentencia González Guajardo_ es el operador de Felipe Calderón”.) Qué razón tenía López Obrador: los empresarios sellaron al mismo tiempo el rompimiento con Calderón y el compromiso matrimonial con el PRI.&lt;br/&gt;Por otra parte, es un hecho que las experiencias de doce años de panismo confirman su debilidad congénita para gobernar. Continúa siendo un partido que nació y se desarrolló oponiéndose al autoritarismo del PRI; ejerciendo la estéril “brega de eternidad” de fundadores que jamás se imaginaron despachar en Los Pinos. El dorado acceso al poder vendría mucho tiempo después, cuando el oportunista ranchero de Guanajuato arrastró al partido a Los Pinos, descansando en el hartazgo producido por los excesos salinistas, la incipiente apertura democrática, las contribuciones ilegales de los “Amigos de Fox” y la exitosa estrategia electoral de asesores estadunidenses. &lt;br/&gt;González Guajardo termina con una frase que no deja lugar a dudas: “ha terminado la etapa de Felipe Calderón como Presidente de México y comenzado (su) segunda etapa…como presidente del PAN. Lástima”. El regreso de Calderón a la dirección del PAN se confirma con los últimos cambios: la salida del vocero presidencial, Max Cortázar, para “reposicionar la imagen del PAN”, la salida de Fernando Gómez Mont, opositor de las alianzas, y la llegada de José Francisco Blake, un político desconocido, que “administrará” Gobernación mientras su jefe dirige de tiempo completo la campaña presidencial de 2012. &lt;br/&gt;    Analizando los factores que contribuyen a dejar un “legado histórico” Luis Rubio (Reforma, 18/07/10) concluyó que trascienden aquellos presidentes que “construyen consensos…y saben…cambiar de dirección”. El ejemplo usado fue Clinton. Tuvo, como diría el rector José Narro, “visión del porvenir”, en vez de la siguiente elección.</description>
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      <title>Las vuvuzelas callaron…</title>
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      <pubDate>Thu, 8 Jul 2010 13:21:24 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/7/8_Las_vuvuzelas_callaron%E2%80%A6_files/vuvuzelas.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:55px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Las vuvuzelas callaron y comenzaron las recriminaciones. No contra nuestros aguerridos jugadores, que dieron lo mejor de sí mismos en la cancha. No sería justo. No voy a criticar el error de Osorio contra Argentina, ni el cansancio entendible de Cuauhtémoc, que en mucho contribuyó a ganar las eliminatorias, levantar el espíritu de grupo e implementar las estrategias del técnico. ¿Qué se podría decir contra el Chícharito Hernández, un verdadero crack de grandes ligas en potencia ¿Y qué de Giovani Dos Santos, otra estrella fulgurante en formación? ¿Cómo criticar a Rafael Márquez: un reconocido jugador internacional? Y así podríamos ir, uno por uno, sin encontrar fallas en ninguno. Sin embargo, las fallas enormes existen, pero son atribuibles al aparato mediático que arma el monstruo multimillonario del Mundial: las televisoras y sus expertos en mercadotecnia, que venden deliberadamente cada cuatro años el sueño de llegar a los cuartos de final; la Federación Mexicana, los dueños de los equipos y los patrocinadores; los fabricantes de productos chatarra y de higiene personal; las fábricas de ropa, antojitos, estampitas, jugos, cervezas, y todo lo que contribuye a lucrar con las esperanzas “mundialistas” de millones de mexicanos. Incluyo al Presidente, que por una montaña de dólares obligó a Javier Aguirre a aceptar la tarea de convencernos que el “sí se  puede” se podía convertir en “sí se pudo”. &lt;br/&gt;Era cosa de encaramar a Aguirre en el minarete del Ángel de la Independencia, para predicar a los cuatro vientos que el secreto estaba en ir al Valhalla de Sudáfrica, para morir combatiendo con las grandes potencias del futbol. Y ahí, frente a 1,200 millones de espectadores, demostrar que somos un país diferente: un país de ganadores a punto de desaparecer.&lt;br/&gt;Y sí se pudo: ganaron las televisoras, los vendedores de sándwiches, y los promotores de salsitas picantes y navajas de afeitar; los fabricantes de desodorantes y, por inverosímil que parezca, los proveedores de toallas higiénicas, anunciadas por chicas que bailaban en la pantalla en microscópicos shorts gritando “Mé-xi-co” con camisetas de “la verde”. &lt;br/&gt;Como en todos los deportes hay ganadores y perdedores. Los perdedores fuimos los millones que volvimos a creer que ésta era la mejor selección de todos los tiempos. Y en cierto modo pudo ser, considerando la juventud, entusiasmo y experiencia sub-20 de los principales seleccionados. &lt;br/&gt;	¿Todo ese dispendio multimillonario y desperdicio de jóvenes talentos para ganar un solo juego? ¿Todas esas esperanzas marchitas para regresar a casa con la proverbial: “jugamos como nunca, pero perdimos como siempre”? Ah, pero le ganamos a Francia, triunfador en 1998, su único mundial. Una potencia con bombas nucleares, y la bomba explosiva de Carla Bruni, que no del todo compensa al insufrible Sarkozy, obsesionado con excarcelar a Florence Cassez. (Así que la derrota a manos de México debe haberle dolido hasta el alma.) Sí, le ganamos a Francia, una selección que llegó amotinada contra su extraño director técnico, más interesado en el teatro amateur que en el futbol; un estratega estilo Vicente Fox, que alineaba su cuadro basado en horóscopos y signos del zodíaco. ¿Cuánto costaron los médicos, entrenadores, masajistas, técnicos, uniformes, hoteles, aviones, comidas, además del viaje presidencial? &lt;br/&gt;En cuanto a las inestables alineaciones de Aguirre existen dos teorías igualmente inaceptables: que obedecieron a su terquedad y a preferencias preconcebidas (inaudito en quien cobraba casi dos millones de dólares al año), o que fueron sugeridas por los dueños de los equipos, para no arriesgar a jugadores comprometidos por una millonada con equipos europeos. Tal vez debimos pagarle mejor a nuestro director técnico, si no fuera porque el maestro Oscar Tabárez, que gana solamente 300,000 dólares anuales, 6 veces menos que Aguirre, llevó al equipo charrúa a jugar semifinales, y a luchar por el tercer lugar.&lt;br/&gt; Es hora de reconocer que nuestro futbol es un deporte de “puertas adentro”, para ser disfrutado en los clásicos nacionales. ¿Qué hacemos jugando contra Argentina y Uruguay, que han ganado dos Mundiales cada uno? ¿Cómo participamos armados solo de “buenas intenciones” en una competencia que se ha convertido en feudo de tres potencias deportivas: Brasil, Alemania, e Italia, que junto con Argentina y Uruguay, han ganado 16 de las 18 copas del mundo. Cabe otra explicación: participamos para promover la venta de jugadores. Dice Juan Villoro (Proceso No. 1757) que “en México la venta de piernas produce más dinero que los campeonatos” (business is business). Cada vez resulta más claro que las banderas, el himno, el “cielito lindo”, las porras, los mariachis (¿quién los llevó?), las pelucas tricolores y las caras pintadas continúan siendo los ingredientes de un cínico negocio de cientos de millones de dólares de unos cuantos.&lt;br/&gt;Hay algo rescatable en este Mundial: Sudáfrica, un país que evadió la tragedia y mostró la nueva cara del Continente. Para nosotros, significó olvidar por un mes nuestras grandes tragedias nacionales.&lt;br/&gt;</description>
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      <title>ABC: la “letra” de la ley</title>
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      <pubDate>Tue, 22 Jun 2010 18:49:44 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/6/22_ABC__la_%E2%80%9Cletra%E2%80%9D_de_la_ley_files/ABC-filtered.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object003.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:76px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;“Hubo responsabilidad, pero no hubo responsables”, dijo el editorial de La Jornada reconociendo que nos hemos convertido en una nación de irresponsables; un pueblo que descansando en esotéricos argumentos jurídicos (¡como si fuésemos un verdadero Estado de derecho), atrincherado en posiciones políticas y protegido por tribunales que abdican sus responsabilidades sociales esconde bajo el tapete sus grandes tragedias nacionales. (Por eso, entre bromas y veras, nos describimos como “el país donde nunca pasa nada”.) La medalla de oro se la lleva el magistrado José Guadalupe Luna Altamirano, que resolvió Tlatelolco de un certero plumazo: “hubo genocidio, sí, pero no hubo culpables”, exonerando con ello a Luis Echeverría. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Y con la misma delicadeza con la que hoy actúa la mayoría de los ministros de la Corte, el melindroso Luna Altamirano se refugió en la “Teoría Pura del Derecho” aclarando, para que nadie dudara de su “profesionalismo”, que su resolución se encontraba “completamente exenta de todo tipo de cuestiones sentimentales, humanitarias, ideológicas, sociales o políticas”: ¡fue obra de un robot jurídico!  Hoy se repite la historia. ¿Para qué sirve un sistema jurídico esterilizado, que opera conforme a la letra de la ley pero al margen de la sociedad?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Mientras los padres de los 49 inocentes muertos (y aquellos de los 104 menores enfermos o marcados de por vida) esperan justicia, ministros melindrosos, y algunos analistas políticos sin conocimientos jurídicos, hacen piruetas alrededor del artículo 97 Constitucional y disquisiciones filosóficas sobre su aplicabilidad en la tragedia de la guardería. Los legos están en cierto modo justificados, porque por motivos políticos los propios ministros han denigrado esa valiosa disposición legal, considerándola “un artículo anacrónico y redactado con los pies” (Mariano Azuela), o un numeral “que no sirve para nada” (Salvador Aguirre Anguiano). &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Frente a la arrogancia de Azuela y la displicencia de Aguirre es un placer leer el proyecto del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea. Donde otros, por motivos políticos o tecnicismos legales, se quedan atrapados en la letra de la ley él va más allá: considera, con visión de jurista moderno, que la disposición constitucional es una valiosa herramienta que puede contribuir a la democratización de México. Adoptando el concepto de una Constitución “viva”, que va adaptándose a las realidades sociales, Zaldívar afirmó, en un proyecto rechazado por la mayoría, que el artículo 97 no debe considerarse “una invasión en el ejercicio del poder público”, sino “una facultad que se inserta en el juego democrático y (…) coadyuva a la operatividad (…) del sistema”. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Con argumentos jurídicos objetivos y bien fundados, el proyecto Zaldívar apuntaba graves violaciones a los derechos humanos y señalaba responsables: Molinar Horcasitas, Karam, Bours y el ex alcalde de Hermosillo. Una a una, el proyecto desmenuzó las obligaciones legales de esos funcionarios, y su responsabilidad personal en la cadena de mando. Mostró cómo y dónde incumplieron. (Vale la pena que Fernando Gómez Mont, destacado abogado postulante, lea personalmente esa parte del proyecto para que no repita que un servidor público sólo debe responder “por el tramo de control que le corresponde”: ¿cuál es ese “tramo”, señor secretario, y hasta dónde alcanza? El ministro Zaldívar se lo aclara.) &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Arturo Zaldívar relata, con lujo de detalles y maestría de lenguaje, el infierno en la tierra que fue el incendio: 14 maestras en servicio (en vez de 41) intentando salvar a 200 niños; la guardería compartiendo el inmueble con una bodega de la secretaría de Hacienda, que almacenaba cinco toneladas de papeles que prendieron como hojarasca; el techo de poliuretano despidiendo nubes de gases tóxicos, y deshaciéndose en una infernal lluvia de fuego… ¿Quién les negaría a esos padres la justicia arguyendo que el artículo 97 es “anacrónico”, o que “no sirve para nada”? &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    El proyecto Zaldívar concluyó, tras un minucioso análisis de 300 páginas, que a Molinar Horcasitas “le era atribuible el desorden generalizado en el otorgamiento, operación y supervisión del servicio de guarderías operado bajo el sistema de subrogación, que propiciaron las condiciones para la tragedia”. No obstante, el dictamen de la mayoría exoneró a los principales funcionarios involucrados.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Felipe Calderón no podría haber escogido mejor abogado para defender a los suyos que Gómez Mont. Conocedor de la ley y político sagaz, el secretario reconoció varias visitas a la Corte antes del fallo, pero afirmó que no hizo nada indebido: “no fui a defender a nadie ni a litigar en contra de los padres”. ¿A qué fue entonces? A asegurarse, mediante indebidos “alegatos de oreja” que violan la separación de poderes, que ministros obsecuentes interpretaran “correctamente” la letra del artículo 97. &lt;br/&gt;	Como la Corte tampoco pudo entrar “allí dónde autoridades e instituciones fallaron” (cito el proyecto Zaldívar) hoy sólo quedan abiertas las instancias internacionales, para que el régimen siga acumulando fallos judiciales contra México.&lt;br/&gt;</description>
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      <title>Héroes de paseo</title>
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      <pubDate>Sun, 13 Jun 2010 15:44:15 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/6/13_H%C3%A9roes_de_paseo_files/heroesfinal.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_9.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Como si no tuviéramos suficientes contactos con la muerte Felipe Calderón interrumpió el sueño de los padres de la Patria, que descansaban hace 85 años en la Columna de la Independencia. ¿Para qué? A nadie le quedó claro, hasta que el debate de quienes estaban en contra provocó explicaciones tan variadas como contradictorias. Fueron trasladados al Castillo de Chapultepec, para que en un misterioso laboratorio que nadie conocía, ubicado quizá en las lúgubres mazmorras del Castillo, hiciera estudios para “determinar el estado en que se encuentran”. ¿Y cómo “habrían de encontrarse”, si tienen 200 años de ser restos mortales? La pregunta es: ¿cómo se han conservado hasta hoy? ¿Estaban en un lugar seco, sellado, refrigerado, al amparo de la humedad y de los elementos, y de las toneladas de contaminantes que vuelan diariamente por Paseo de la Reforma?&lt;br/&gt;            &lt;br/&gt;      Después se dijo que se trasladarían a ese laboratorio “para identificarlos”. ¿O sea que ninguno de nuestros insignes gobernantes, cultos historiadores y reconocidos antropólogos tenía la más mínima idea de qué huesos pertenecían a quién? Si los restos estaban separados, y debidamente clasificados, qué necesidad había de “identificarlos”. Si no, tenemos graves problemas. ¿Quiere decir que pasaron de la Catedral Metropolitana a su actual morada arrumbados en cajas de jabón? El 31 de mayo pasado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) nos aclaró que los héroes serían sometidos a pruebas de “antropología osteológica” (¡hágame el favor!). Y que a 200 años de sus muertes se les harían pruebas “para descartar la presencia de bacterias dañinas al ser humano” (¿qué bacterias y a quiénes intentan proteger?) Un comentario de esa naturaleza nos alarma: nos hace pensar que la Columna de la Independencia, como en esas películas de ciencia ficción, podría estar infestada de organismos malignos. Para tranquilidad de todos el INAH nos informó que los técnicos “usarán guantes, batas y tapabocas” (así que podemos dormir tranquilos: nadie mancillará los huesos de los héroes con manos sucias o mal aliento).&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    El único riesgo es que estemos venerando a Morelos, cuando queremos rendir homenaje a Miguel Hidalgo (¡un delito de lesa patria!). El galimatías se enreda aún más, porque ante la ausencia de información no faltó quién insinuara en los medios, con aire de suficiencia científica pero sin desentrañar el misterio, que los restos de Morelos no descansaban en la Columna de la Independencia.&lt;br/&gt;              &lt;br/&gt;    Si los restos mortales de los héroes no están plenamente identificados, ¿ante quiénes nos inclinamos para presenciar respetuosos el singular cortejo fúnebre en Paseo de la Reforma? ¿A quiénes honramos lanzando flores a su paso? Se dijo que, una vez identificados, los héroes serían llevados a Palacio Nacional, para que el pueblo les rinda homenaje, y que en 2011, debidamente esterilizados y antes de la hecatombe política de 2012, regresarían a su morada centenaria.&lt;br/&gt;             &lt;br/&gt;     Nuestros gobernantes olvidan que los héroes son, como la Patria y la Nación, símbolos etéreos, que entre mito y realidad pasan de generación en generación para construir el sentido de pertenencia; símbolos que nos dicen quiénes somos y de dónde venimos. Yo entiendo que por curiosidad entendible o valor histórico saquemos a pasear o exhibir objetos materiales como la primera bandera nacional, el texto de la Constitución de 1824, los lentes entintados del chacal Victoriano Huerta, o la silla de montar de Francisco Villa. Pero, por Dios, ¿la calavera de Miguel Hidalgo, que mientras no sea identificada pudiera ser la de algún fulano que murió junto a él en la refriega insurgente? ¿Se trata de asustar a los niños, para que crezcan creyendo que la Patria es el universo de Freddy Kruger?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    ¿Por qué poner a los héroes en tela de duda, o convertirlos en figuras religiosas que deambulan por las calles con tambores mortuorios y la parsimonia de la Semana Santa en Sevilla? ¿Qué sigue: vender reliquias y estampitas? Roberto Abe, joven y culto historiador, sugirió en días pasados, con mejor juicio crítico que el de nuestros gobernantes, que deberían reposar en su sitio, y recibir en el Bicentenario el homenaje de una sobria ceremonia republicana en la que participen, además de los tres poderes, dignatarios nacionales y extranjeros.&lt;br/&gt;             &lt;br/&gt;     La exhumación de los héroes es un acto sin sentido; una especie de “pan y circo” para hacernos olvidar, en medio de la euforia patriotera, la guerra con el narco, el peor desempleo de la historia y una crisis económica que asfixia a los mexicanos. ¿A eso se van a reducir los festejos del Bicentenario? Hablando de osamentas nadie ha mencionado los restos de Villa, Zapata, Carranza y los demás héroes revolucionarios. Es obvio que los gobiernos panistas, sin disimulo alguno, intentan borrar la página de la Revolución.&lt;br/&gt;       &lt;br/&gt;     Cabe otra explicación: que en este año de Mundial los héroes hayan sido exhumados para protegerlos contra posibles actos vandálicos. ¿Recuerdan a los compatriotas que durante el Mundial de Francia apagaron (¡y cómo!) la “llama eterna” en el Arco del Triunfo?</description>
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      <title>¡ Nos vamos al mundial !</title>
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      <pubDate>Thu, 10 Jun 2010 14:31:55 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/6/10_Nos_vamos_al_mundial_files/FIFA.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_10.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Nos vamos al Mundial: ¡todos! La Presidencia de México no había dicho “esta boca es mía”, cuando el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, dejó caer la noticia: declaró a los medios que Felipe Calderón “había aceptado amablemente su invitación a asistir al partido inaugural”. ¿Y cómo no habría de aceptarla, si le encanta el futbol?, como a la inmensa mayoría de los mexicanos. Así que olvídese de todo, menos de ver los partidos. ¿La crisis? ¿El desempleo? ¿La inseguridad? Ya vendrán tiempos mejores. Ahora hay que apoyar a la Selección y al vinagrillo de Javier Aguirre (recuerde que acabando el Mundial se nos va a vivir fuera de México: a  Inglaterra, a España; a seguir ganando en dólares y gastando los millones que ganó preparando a “la verde”, y haciendo comerciales de altos vuelos para la televisión). La decisión de Calderón de asistir, me imagino que únicamente al partido inicial, convierte este viernes en día de fiesta nacional.&lt;br/&gt;Para usted, sin embargo, que no tiene responsabilidades políticas, y probablemente ni empleo ni perspectiva de conseguirlo, la fiesta podría prolongarse un mes: las penas con pan son menos. Es cierto que hemos ocupado lugares más altos en el ranking mundial. Pero ahora tenemos a un grupo de jóvenes aguerridos con buena preparación, muchas ganas, y muchos de ellos con experiencia en Europa. Así que “sí se puede”.&lt;br/&gt;    Hay que apoyar a Sudáfrica (me refiero al país, por supuesto, porque a su selección hay que hacerla polvo: golearla como a Gambia, si se dejan). El país anfitrión merece el apoyo. Por Mandela, por el gobierno que le dio la vuelta al repugnante sistema de apartheid, que trataba a la mayoría negra como si no fuesen seres humanos; el país que decretaba cárcel al blanco que tocara a una negra; el país que siendo un ominoso polvorín supo hacer la transición: sin genocidio, sin revolución, sin venganzas; respetando los derechos de todos y estableciendo una democracia que sin ser perfecta lo parece (recuerde que la nuestra tampoco está para presumirla). En fin, a cada quien la democracia que se merece.&lt;br/&gt;    A propósito de Sudáfrica, Henning Mankell, el novelista sueco que escribió entre muchos otros títulos La Leona Blanca, terminó esa magnífica novela con un extraordinario resumen de la repugnante cultura del apartheid. Sí, Mankell, el mismo libertario que abordó en días pasados uno de los barcos interceptados brutalmente por comandos israelitas con saldo de 19 muertos y decenas de heridos. (Mankell publica ahora en El País una bitácora de esa experiencia en la “Flotilla de la Libertad”.) Recuerde los días en que los deportistas de Sudáfrica no podían participar en ninguna competencia internacional. ¡Vaya, a México no podían entrar con ningún tipo de visa! Y ahora serán nuestros anfitriones. Aunque estemos obligados a ganarles…&lt;br/&gt;    Tampoco hay que rasgarnos las vestiduras. En una encuesta entre amigos y familiares el consenso fue que Calderón tiene que ir a apoyar a la selección (lo siento Magú, aunque sea a cargo del erario nacional). Todos los monarcas y jefes de Estado lo hacen, especialmente tratándose de futbol; hasta el limítrofe de George W. Bush, que sabía de soccer lo que yo de japonés. Seguro irá el petulante de Sarkozy (a apoyar al tramposo de Henry, sin cuya “mano y rodilla de Dios” no hubiera llegado Francia: así es la vida…). La diferencia es que ninguno de los políticos y monarcas europeos tiene una guerra civil a sus puertas; ni el desempleo y la inseguridad que tenemos nosotros.&lt;br/&gt;    El consenso es que tenemos que apoyar a los muchachos elegidos por el malencarado de Aguirre; mostrarle al mundo que apoyamos el deporte y estamos con los nuestros; que en el momento de la inauguración, cuando los muchachos estén cantando orgullosos el himno nacional serán la representación viva del pueblo de México. (Márquez, Vela, Chicharín, Guardado, Venado, Torrado, Giovanni, Ochoa, Conejo, el imprescindible Cuau y todos los demás.)&lt;br/&gt;    Sí se puede. Y tal vez para el momento en que lea estas líneas, como decía Cantinflas, ya “estaremos pudiendo” con la selección de Sudáfrica. ¡Ojalá! Miles de millones estarán presenciando el juego inicial. (…y los gringos le dicen “Serie Mundial” a partidos de béisbol con unos cuantos miles de espectadores; y Superbowl a los de futbol americano _que con el nombre lo dicen todo: “americano”_.)&lt;br/&gt;    Necesitamos que gane “la verde”, porque tenemos tres años de malas noticias: la guerra civil con el narco, los 23,000 muertos del sexenio, las 4,000 quejas de violaciones a los derechos humanos, los supuestos “sicarios” de 15 y 17 años que el Ejército continúa ejecutando por doquier; la “emergencia médica”, la crisis financiera de 2009 (que continúa hasta hoy), el desempleo (el peor de la historia). Una noticia mala tras otra. Necesitamos una buena para compensar las notas malas. Y estos muchachos de “la verde” nos pueden hacer el milagro.&lt;br/&gt;    Y si no pueden no hay problema. Es suficiente que en un escenario internacional con miles de millones de espectadores pongan en alto el nombre de un país sobre el que únicamente se escuchan tragedias. ¡Viva la selección!</description>
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      <title>Diego</title>
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      <pubDate>Thu, 27 May 2010 12:25:24 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/5/27_Diego_files/diego1.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_11.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;En la semana que estuvo desaparecido Diego Fernández de Cevallos murió, revivió, hizo campaña, y levantó como nadie en estos tres años la imagen del partido. Apareció su cadáver en un campo militar, cual víctima de una nueva guerra sucia, y su desaparición fue considerada a un tiempo secuestro, levantón, venganza, desavenencia con un cliente, mensaje del narco y un escalamiento de la guerra por parte del crimen organizado. Con un despliegue de prepotencia, decenas de militares, policías, “aviones inteligentes” y sabuesos peinaron su rancho y las inmediaciones buscando sus restos mortales. Fotos de Diego sonriente, enojado, joven, viejo, seguro de sí mismo y con el inseparable habano aparecieron en todos los periódicos y noticiarios nacionales. Las televisoras repetían imágenes de su momento de gloria: el debate presidencial con Cuauhtémoc Cárdenas y Ernesto Zedillo.&lt;br/&gt;	El “misterio”, para usar la misma palabra de Felipe Calderón,  generó especulaciones descabelladas. Todas las reuniones se iniciaban con la misma pregunta: “¿qué le pasó a Diego?” Se dijo que lo desapareció el gobierno, para reaparecerlo antes de la visita a Washington (¡albricias, la Iniciativa Mérida está viva y coleando!). Lo secuestró el EPR, se lo llevó el misterioso “poder” al que se refirió sin identificarlo Miguel Ángel Granados Chapa en CNN; lo secuestró el subcomandante Marcos (él y Diego no se quieren); abandonó el país para escapar de la barbarie. Los moneros trabajaron sin descanso. (Ninguno más certero y descriptivo que Magú en La Jornada. En un “anónimo” con varios tipos de letra los secuestradores le suplican a la familia: “vengan por él. ¡Ya no lo soportamos!”).  &lt;br/&gt;	Después de rumores y especulaciones, justo a la semana de su desaparición, circuló la foto de un Diego desconocido: demacrado, inmóvil, desencajado, con los ojos vendados; desnudo y con un letrero ilegible. Una foto que recordó los secuestros políticos de los Tupamaros y las Brigadas Rojas (¿recuerda “Estado de sitio” de Costa Gavras?). Todos reconocimos que podría ser un fotomontaje, o que por ahí se nos estaba yendo el país. ¿Cómo saberlo? &lt;br/&gt;Hasta que apareció un comunicado de la familia pidiéndole a las autoridades que se mantuvieran al margen del proceso para facilitar la negociación. Con eso se vinieron abajo las conspiraciones. Hoy parece secuestro por dinero. Hay sin embargo, en la comunicación que agradece a quienes rezan por él (¡qué vanidad!), y en la que ahuyenta a las autoridades (¡qué prepotencia!), que sugiere algo insólito: ¡está negociando su propio rescate! Un amigo de Diego se lo sugirió entre bromas a Joaquín López Dóriga y tuvo razón. Por eso sacó de la jugada al primogénito, al Código Penal y a las autoridades. Quería gritar desde los medios: “¡dejadme solo!”&lt;br/&gt;Lo imagino con voz imperativa y pastosa de ranchero cristero (que nunca fue), discutiendo cantidades, opciones y procedimientos; sermoneando a los secuestradores: “mátenme, no temo. Estoy en gracia de Dios”. Y con eso iniciaría la negociación en otro plano. Ellos quieren dinero y él conservar la vida. Así que a negociar, con el aplomo con el que llamó a Ernesto Zedillo “niño aplicado”, ganando todas las encuestas. Está acostumbrado. Tiene oficio, a eso se dedica. Sabe que toda disputa es cuestión de pesos y centavos. &lt;br/&gt;Es también ave de tempestades que desata pasiones. En una semana los comentaristas recordaron la quema de las boletas electorales del 88, la cercanía con Salinas, los terrenos de Punta Diamante, la clínica donde operaron al Señor de los Cielos (y la funeraria donde supuestamente lo cremaron), los innumerables bienes raíces y los litigios multimillonarios al amparo del Senado. Lo que resulta claro es que si sale sano y salvo podría convertirse en un candidato imparable al interior del PAN. ¿Quién mejor?: ¿Lozano? ¿Cordero? ¿Creel? ¿Gómez Mont? Sería el candidato de Salinas, que siempre ha jugado con dos o más cartas. Diego, que fue factor de la “victoria” de Salinas; Diego, que fue factótum de las “concertacesiones” y las reformas salinistas recibiría finalmente un reconocimiento a su medida: ¡la candidatura del Prián! (que se encomiende Peña Nieto al Señor de Chalma…).&lt;br/&gt;Es obvio que los secuestradores tenían mucha información relevante: sus costumbres, el hecho de que viajaba sin escoltas y hasta el chip localizador que llevaba insertado en el cuerpo; el mismo que supuestamente removieron al momento del secuestro. Con lo que no contaron fue con su enorme popularidad, y con el hecho de que su desaparición causaría un revuelo nacional. Ninguna víctima de plagio ha sido buscada por tantos policías, militares y agentes ministeriales; ninguna perseguida con la misma obsesión por todos los medios de comunicación. &lt;br/&gt;Frente al secuestro de Diego palideció la noticia de la desangelada asamblea del partido en el poder para elegir consejeros nacionales: sin Vicente Fox, Francisco Barrio, Ernesto Ruffo, Alberto Cárdenas, Medina Plascencia; sin Diego…. Con fingida solidaridad el Presidente lo llamó “nuestro querido Diego”. Aunque todos sepamos que ninguno es santo de la devoción del otro. &lt;br/&gt;</description>
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      <title>Fuero de Guerra</title>
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      <pubDate>Thu, 13 May 2010 15:31:03 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/5/13_Fuero_de_Guerra_files/fueromilitar3.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object010_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;En el delicado tema del fuero de guerra, el Ejército está atrapado en una encrucijada. Por una parte está la costumbre inveterada, que viene desde tiempos de la Colonia y del texto de la Constitución de 1824, y por la otra los compromisos internacionales y la apertura del sistema político. En la actualidad, la reclamación de facto del fuero de guerra se basa en una interpretación equivocada de la Constitución y del Código de Justicia Militar, la estrecha relación con el Ejecutivo, y la privilegiada posición del Ejército en el sistema político. Tampoco debemos olvidar la doble función del secretario de la Defensa como suprema autoridad administrativa y judicial del instituto armado. &lt;br/&gt;	Hasta el sexenio actual el Ejército le respondía en forma inmediata al secretario del ramo, y en una instancia más remota al comandante supremo, el Presidente de la República. Hoy, a partir de la declaración de guerra al crimen organizado, el Ejército se fundió en una relación simbiótica con el Ejecutivo; una relación que ha afectado la imagen del instituto armado, incrementado las denuncias de violaciones a los derechos humanos y puesto en la mesa del debate nacional el tema de la definición y alcances del fuero de guerra. &lt;br/&gt;	La Constitución no define el fuero de guerra. Sólo determina que nadie puede ser juzgado por tribunales o leyes especiales, pero que “subsiste el fuero de guerra para los delitos y faltas contra la disciplina militar”. El claro sentido del artículo 13 constitucional era limitar finalmente el fuero de guerra, que durante la Colonia se extendió a familiares de los militares, para convertirlo en un tema de simple jurisdicción. La realidad ha sido otra.&lt;br/&gt;El Código de Justicia Militar, que interpreta la Constitución de 1917, determina que los delitos típicos contra la disciplina militar sujetos al fuero de guerra son, entre otros, los obvios: traición a la patria, sedición, espionaje, deserción, y los del orden común cometidos por militares “en servicio”, o “con motivo de actos del mismo”. &lt;br/&gt;La pregunta lacerante que continúan formulando las organizaciones de derechos humanos, particularmente Human Rights Watch (HRW), es si las violaciones sexuales, la tortura, las desapariciones forzadas y la ejecución ilegal de civiles indefensos, como las ocurridas en los retenes y en los enfrentamientos con el narco, son “delitos o faltas contra la disciplina militar”. Para el tema de los derechos humanos era más claro el artículo 13 de la Constitución de 1857, que aplicaba el fuero militar “solamente” para delitos y faltas que tuvieran “exacta conexión” con la disciplina militar.  &lt;br/&gt;La cuestión es determinar si la participación en la guerra contra el crimen es parte del “servicio militar”. En este tema existe una clara jurisprudencia  de la Suprema Corte que definió en 2005 el término “en servicio” como “la realización de funciones propias e inherentes al cargo que se desempeña”. Con este criterio, jamás se considerarían sujetas al fuero de guerra las más de 4,000 quejas de violaciones militares a los derechos humanos presentadas en el sexenio actual. (Lo increíble es que en algunos de estos casos el Ejército, con el fin de no litigar, y de preservar intacta la ficción del fuero de guerra, paga compensaciones a las víctimas, pero según HRW no castiga a los culpables: la ropa sucia se lava en casa.)&lt;br/&gt;Mucho se ha dicho sobre la facultad del Ejecutivo para involucrar al Ejército en la guerra contra el crimen organizado. El argumento del gobierno es el Artículo 89 constitucional, que le permite al presidente “disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente…para la seguridad interior.” El problema es que el Ejército mismo no compra hoy un argumento con el que los presidentes utilizaban al Ejército para romper huelgas y controlar movimientos sociales. Así surgió Tlatelolco, un movimiento en el que nadie se hubiere atrevido a cuestionar entonces a Gustavo Díaz Ordaz, y posteriormente acusarlo de violaciones a los derechos humanos de los estudiantes asesinados.&lt;br/&gt;Lo que el gobierno no quiere reconocer, pero algunos altos mandos han comenzado a vislumbrar, es que la guerra contra el crimen organizado, más que un tema de “seguridad interior”, se convirtió en un asunto de subsistencia del Estado: una guerra civil que ha exacerbado la violencia, fomentado la inseguridad y puesto en peligro la supervivencia misma de la nación. El general secretario reconoció en una declaración que posteriormente pretendió “aclarar”, que algunos generales se rehusaban a intervenir hasta que tuvieran “un marco legal” que los protegiera contra posibles comisiones de la verdad o fiscalías para delitos del pasado. &lt;br/&gt;No obstante, en las críticas del Ejército a la minuta del Senado sobre las reformas a la Ley de Seguridad Nacional, se asoma la verdadera manzana de la discordia: el fuero de guerra. Para el Ejército es un tema de costumbre inveterada, de honor y de conveniencia. Tal vez ahora los militares estén comprendiendo finalmente que el fuero de guerra será el verdadero costo de su participación en la guerra contra el crimen organizado.&lt;br/&gt;</description>
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      <title>Ingenuos &#13;</title>
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      <pubDate>Wed, 28 Apr 2010 21:56:07 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/4/28_Ingenuos_files/inge.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_13.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:47px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Mientras en Los Pinos los mariachis entonaban “Llegó borracho el borracho”, y otras del insigne José Alfredo, el Senado debatía acaloradamente el proyecto más reciente de la Ley de Seguridad Nacional: ¿preservar o no el fuero militar? ¿Utilizar al Ejército para labores de policía? ¿Cómo identificar una amenaza a la seguridad interna? ¡Viva México, señores! &lt;br/&gt;	Toda guerra tiene un costo. Y en el combate contra el crimen el gran perdedor ha sido el Ejército. Asumió el riesgo y se enfrascó en un combate para el que no estaba preparado; embelesado con el canto de las sirenas siguió al Ejecutivo por senderos que se apartan de la Constitución. Abandonó el nicho de misterio, poder y respeto, en el que había permanecido la mayor parte del siglo pasado, para involucrarse en una guerra sin futuro ni cuartel. Puso sus muertos y mató a otros mexicanos, como en tiempos de la Revolución. Al salir a las calles y enfrentarse a su pueblo quedó inerme: amenazado por organizaciones y tribunales de derechos humanos, enfrentado a la Marina en calidad de patito feo de las Fuerzas Armadas; a punto de perder el fuero militar, y sujeto a futuras comisiones de la verdad o fiscalías para delitos del pasado. ¿Valió la pena?&lt;br/&gt;	Joaquín López Dóriga recordó una charla con el general Clemente Vega García, secretario de la Defensa de Fox. Enfrentado a la eventualidad de una orden superior para sacar al Ejército a las calles en caso de un “desbordamiento social” por el desafuero de López Obrador, el general, con inteligencia y visión de Estado, le dijo a López Dóriga: “si el Presidente me da esa orden, me la tendrá que dar por escrito. De otro modo no saldrá ni un soldado a la calle”. Meses después rectificó su postura: se hizo más intransigente. Recordó la charla anterior y le dijo al periodista: “si llega a ver a los soldados en la calle es que yo ya no estoy aquí. He decidido renunciar antes de dar esa orden”. Hay de generales a generales.&lt;br/&gt;	Se acabó la “obediencia debida”. La aprobación de la nueva Ley de Seguridad Nacional por el Senado indica que altos mandos, gobernadores y partidos han comenzado a acotar al Presidente. Cada vez más altos mandos se rehusaban a pelear sin un marco legal, y algunos consideran el combate una guerra civil. Más aún, ¿quién conoce las cifras de esta “guerra” combatida en la peor crisis económica? ¿Cuánto ha costado en armamento, combustible, sueldos, transportes, alimentos y medicinas, además de indemnizaciones a familiares?&lt;br/&gt;Cual mandatario priísta Calderón sacó al Ejército descansando en la facultad que le permite disponer de las Fuerzas Armadas “para la seguridad interior”. Pero de ahí a involucrarlo en una matanza descomunal, con víctimas civiles y sin estrategia de salida, hay un gran trecho. Con esa cuestionable autoridad los presidentes compraban la paz: rompían huelgas, auxiliaban a la población civil, apagaban movimientos sociales, sometían estudiantes (hasta que vino Tlatelolco) y mantenían en línea a los opositores. &lt;br/&gt;Hoy es diferente. Hay 22,700 muertos, y estados sustraídos a la gobernabilidad; territorios donde no manda el gobierno. Apostar todo a la confrontación militar, o enfocar el problema como “un asunto de narcos matándose entre sí” es ingenuo, y cada vez menos aceptable. Sobre todo frente al alarmante reconocimiento presidencial: “cobran impuestos, imponen leyes y cuentan con fuerza pública”. ¿Qué falta?&lt;br/&gt;Joaquín Sabina llamó ingenuo a Felipe Calderón por pretender la victoria con ayuda del Ejército: “esa es una guerra que no la puede ganar él, ni la puede ganar nadie”, advirtió el español, desatando una batalla mediática en la que Calderón fue defendido por Fernando Gómez Mont. El secretario refutó en forma comedida a Sabina, porque a pesar de todo Calderón considera al cantante su amigo (un amigo que lo critica públicamente y lo llama “ingenuo” en suelo mexicano). &lt;br/&gt;Para justificar a Sabina Gómez Mont dijo de todo: que no fue insulto, que estaba en su derecho y que éste es un país donde la gente puede decir lo que le venga en gana. Después el gobierno hizo un acercamiento. Invitó a Sabina a comer en Los Pinos. Hubo vino, tequila, mariachis y otros cantantes de renombre. Pero no les dieron las diez ni las once, y menos las dos ni las tres de la mañana, como dice la canción. Cantó Sabina, cantaron los mariachis y cantó Calderón (según Sabina mejor que él: nobleza obliga). Después Sabina, romántico empedernido, acuñó una frase que podría ser título de su próximo disco: “el ingenuo soy yo”. Pero no se engañe: ni se disculpó ni fue a pedir perdón, porque luego añadió: “por ingenuo quise decir alguien que no pierde la esperanza cuando se reducen los espacios”. Eso le viene como anillo al dedo a la terquedad con la que Calderón continúa empeñado en una guerra que lleva 22,700 muertos. &lt;br/&gt;Tal vez los “ingenuos” seamos todos: Calderón por creer que es un tema de policías y ladrones, los soldados por comprar la estrategia presidencial, y nosotros por confiar que el gobierno resolverá el problema. De Sabina ni se preocupe: es “ingenuo” por reconocimiento propio. Ya escribirá algunos versos… 	&lt;br/&gt;</description>
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      <title>El narco, un Estado paralelo</title>
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      <pubDate>Fri, 16 Apr 2010 02:10:17 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/4/16_El_narco,_un_Estado_paralelo_files/paralelo.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_9.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;    Disperso, y aparentemente desorganizado, el narco es la primera fuerza que reta en forma decisiva al Estado mexicano. Opera visiblemente en todo el territorio nacional y expande sus mercados en el extranjero con tecnología y una impresionante estructura financiera; importa armas de grueso calibre para combatir abiertamente a las fuerzas armadas, y corrompe con impunidad autoridades federales, estatales y municipales; “cobra impuestos, impone leyes y cuenta con fuerza pública”, reconoció recientemente Felipe Calderón.&lt;br/&gt;A pesar de lo anterior, el mandatario insiste en enfocarse únicamente en una de las actividades ilegales: el tráfico de drogas. Nadie en el gobierno –salvo unos cuantos generales en el seno de las fuerzas armadas– parece darse cuenta de que el tema dejó de ser hace mucho tiempo un problema de arrestos, balaceras, decomisos y extradiciones. Hoy los temas son otros: el regreso del Ejército a los cuarteles, una política de seguridad nacional que dé certidumbre legal a los altos mandos; despenalización de las drogas, tratamiento de los adictos y la posible (¿deseable?) negociación con los cárteles. El narco ya superó la etapa inicial y está convirtiendo su reto en un asunto de supervivencia nacional. ¿Continúa existiendo el Estado mexicano? ¿Somos un Estado fallido?&lt;br/&gt;En un afán protagónico e irreflexivo por “democratizar” sin ayuda de nadie el sistema político nacional, Vicente Fox desmanteló la presidencia monolítica, y al mismo tiempo permitió que florecieran incontrolables los feudos estatales que padecemos. Sin supervisión presidencial los gobernadores se volvieron dueños absolutos de sus jurisdicciones; señores de horca y cuchillo con oídos dispuestos a escuchar las tentadoras ofertas del narcotráfico. Por otra parte, la cantidad de organizaciones criminales que existen en México y el creciente número de estados donde operan, nos obliga a concluir que tenemos un gobierno corrupto hasta la médula (en cuyo caso la presencia del narco resultaría un mal menor), o que en unos cuantos años todo México se volvió adicto al uso de estupefacientes, lo cual está lejos de la realidad. Tampoco es cierto que el incremento cada vez mayor de las áreas de operación de los cárteles signifique que el país ha caído irremediablemente en una vorágine de robos, secuestros, extorsiones, piratería y los demás ilícitos atribuidos al crimen organizado.&lt;br/&gt;El narco se prepara. Armado hasta los dientes y apoyado por ex militares, asesores legales y financieros, conocimiento de los mercados y con decenas de millones de dólares que ingresan a sus arcas diariamente por aire, mar y tierra, los capos parecen preparados para dar la batalla final. Lo sucedido hasta hoy son escarceos. Miden el calibre de las armas, la estrategia, la capacidad de organización y la resolución de combatir de las fuerzas armadas. Infiltran todos los niveles militares, judiciales y de gobierno, y se disponen a instalar, si no es que lo han hecho ya, un estado dentro del Estado mexicano. ¡Una sociedad paralela!&lt;br/&gt;Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso, y coordinador de los magníficos ensayos titulados “El México narco” (que presentan una visión apocalíptica del narcotráfico), está convencido de que, “como sangre que escurre en un plano inclinado”, el narco ha invadido el territorio nacional y que el espejo del México de hoy “refleja al narco junto al resto de las estructuras sociales del país”.&lt;br/&gt;¿Qué vivimos? ¿Una guerra civil? En eso coinciden expertos y estrategas militares; una guerra civil en la que se disputan sumas descomunales de dinero y territorios. No existen, como en otras guerras civiles, diferencias ideológicas, pero se juegan vastos territorios de la geografía nacional, rutas de importación y exportación de drogas, armas y dineros; campos de aterrizaje clandestinos, y al final la manzana de la discordia: el poder político en todos los niveles de gobierno. Otra característica de la guerra civil, en la que coinciden los expertos, es el número de bajas (generalmente mil por año. Aquí el gobierno reconoció recientemente 7 mil 500 por año en el sexenio).&lt;br/&gt;En “El México narco” los reporteros de Proceso presentan un país de-sahuciado. Un país, afirma Rodríguez Castañeda, al que los hombres del poder político y económico –con sus abusos sin límite– han contribuido a degradar, “porque el tamaño del narcotráfico en México equivale a la magnitud de la corrupción”. En el pasado, el contubernio entre esos hombres del poder político y económico se traducía únicamente en jugosos contratos de construcción y redituables suministros de bienes y servicios. Eso convirtió al gobierno en una fuente inagotable de muy buenos negocios, apartándolo de sus funciones naturales de administración e impartición de justicia.&lt;br/&gt;Hoy el narco ha llegado más allá; ha creado un Estado paralelo que coexiste incontenible frente a las demás estructuras sociales: la política, los negocios, las finanzas y el ejercicio de las profesiones liberales. Ha llegado el momento de entregar la plaza, o de analizar el tema con un enfoque diferente.</description>
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      <title>Guerra Civil&#13;</title>
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      <pubDate>Wed, 31 Mar 2010 10:35:36 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/3/31_Guerra_Civil_files/guerracivil.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object002_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:50px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Quítese la venda de los ojos. ¿Guerra contra el narco? ¿Contra el crimen organizado y contra la delincuencia? ¿Guerra de los “malosos” (Zedillo dixit) contra los “niños buenos” de la sociedad civil? Al quitarse la venda de los ojos cierre los oídos a la publicidad oficial. Considere que hasta hace poco los malos no participaban en la guerra mediática. ¿Para qué? Dormían en los laureles del proverbio evangélico: “por sus obras los conoceréis”. Y como Satanás y el pecado, se dieron a conocer. ¡Y cómo! &lt;br/&gt;Hoy recapacitan. Conscientes  del valor de la publicidad retan al gobierno con armas tan poderosas como los cuernos de chivo. Florecen narcomantas y cadáveres colgando sobre la vía pública. ¡Terrorismo! El gobierno quita las mantas y remueve los cadáveres, pero el mensaje permanece y se difunde en los medios, y el Presidente contesta en algún acto público que no viene al caso iniciando, como dicen los españoles, un diálogo de besugos (¿qué horas son? Es jueves). Todos se comunican mediante discursos republicanos y narcomantas. Una auténtica sociedad de locos. &lt;br/&gt;	El problema son los muertos, que continúan abarrotando los servicios médicos forenses. Más de 15,000 en lo que va del sexenio. Cinco mil por año. Así llegaremos a 30,000 (los sociólogos consideran que un conflicto interno se convierte en guerra civil cuando arroja mil muertos al año). Soldados, marinos, policías, sicarios: ¡todos mexicanos! Y a últimas fechas civiles. (Según SEDENA mil 326 niños y mil 80 mujeres.) Niños de prepa, tildados de pandilleros en Juárez y masacrados en Durango; estudiantes de posgrado (futuro de la patria) confundidos con sicarios. Amas de casa (la sal de la tierra). ¿A quién le importan el PIB y la tasa de cambio? ¿Quién teme a la inflación? ¿Dónde quedó el hoyo de Mr. Carstens? Ya lo dijo Hillary: “sin seguridad no hay inversión”. Así que no se preocupe por lo económico. Está igual o peor. Antes decían “la bolsa o la vida”. Hoy tenemos más opciones: morir de A-H1N1, perder el empleo o dejar el pellejo en un fuego cruzado. &lt;br/&gt;	Quítese de cosas, esto es una guerra civil. Más confusa y agresiva que en Irak, donde sólo luchaban sunitas y chiítas entre sí, y contra los chicos de George W. Bush (murieron 5,000 marines en los cinco años de la guerra: ¡una bicoca para las cifras de la guerra mexicana!) Lo único que nos faltan son bombas a la orilla del camino y en los mercados públicos. Pero vendrán, téngalo por seguro. Hay Estados vencidos por la delincuencia: Chihuahua, Sinaloa, Baja California, Tamaulipas, Durango, Guerrero, y ahora Nuevo León; ciudades convertidas en campos de batalla a plena luz del día, y aterrorizadas de noche por caravanas de camionetas blindadas: Juárez, Tijuana, Acapulco, Cuernavaca, Mazatlán, Torreón, Monterrey. &lt;br/&gt;Esta “minoría ridícula”, como la llamó Calderón, obligó a los más poderosos secretarios de Obama a trasladarse a México para corregirnos la plana. La visita fue en cierto modo innecesaria, porque ya la boquifloja de Janet Napolitano nos había anticipado que “la participación del Ejército mexicano no está funcionando”. Y 59% de los mexicanos estuvieron de acuerdo en la última encuesta. Todos quieren el regreso de los militares a los cuarteles; todos desean escuchar el toque de retirada. Gracias generales, oficiales y tropa. Con la pena, los regresamos a sus cuarteles sin protección legal, con los laureles marchitos y la excelente reputación de antaño en tela de juicio. &lt;br/&gt;Estamos dispuestos a abandonar la plaza a un enemigo que formó pequeños gobiernos. “Cobran impuestos, imponen leyes y cuentan con fuerza pública”, reconoció Calderón. Pequeños gobiernos que retan a un gobierno central cada vez más débil. Ya lo había reconocido Calderón en Madrid el año pasado, pero hoy añadió un dato más importante: dijo que las funciones asumidas por la delincuencia “son las que definen un gobierno”. ¿Está todo perdido? &lt;br/&gt;Para Calderón somos un Estado en riesgo de ser inviable si se trata de justificar la guerra contra el crimen, pero estamos lejos de caer en el calificativo de “Estado fallido” cuando no es necesario esgrimir justificación alguna. Jorge Castañeda y Rubén Aguilar consideran que en esta guerra, perdida de antemano, Calderón olvidó las tres recomendaciones de Colin Powell cuando Estados Unidos se lanzó a la primera guerra del golfo Pérsico: fuerzas suficientes para avasallar al enemigo, una clara estrategia de salida y una más clara definición de lo que constituye la victoria. Nadie sabe, porque las cifras oficiales se guardan celosamente, si los 94 mil elementos involucrados son suficientes para “avasallar al enemigo”, pero los pobres resultados indican que no. En cuanto a la “estrategia de salida” recomendada por Powell, y a la “clara definición de lo que constituye la victoria”, resulta obvio que nuestro gobierno no tiene ni idea. &lt;br/&gt;    Las recomendaciones de Powell fueron seguidas exitosamente por Bush, padre, &lt;br/&gt;para liberar Kuwait. No obstante, en la invasión de Irak, las mismas recomendaciones &lt;br/&gt;fueron ignoradas por Bush, hijo, con los tristes resultados que conocemos. Este es el &lt;br/&gt;caso de México.</description>
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      <title>¡Papelito habla!&#13;</title>
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      <pubDate>Thu, 18 Mar 2010 15:34:45 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/3/18_%C2%A1Papelito_habla%21_files/papelito.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_9.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:113px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;    Ahí estaba la formidable Paredes en San Lázaro, matriarca de los tricolores, levantando la mano de niña aplicada, pidiendo la palabra para increpar al escuálido presidente del PAN mientras ocupaba la tribuna; el niño que sintiéndose Karl Rove soñó una estrategia de grandes ligas para ganar la Presidencia de México en 2012. ¿Cómo? Pactando con el PRD para ganar las candidaturas estatales en 2010 y así detener dos años antes del choque de trenes la avasalladora locomotora priísta. ¿Quién lo asesoró?, porque desde tiempos de Fox los panistas acuden a estrategas estadunidenses para su mercadotecnia política. A estas alturas es difícil saber si fue primero el huevo o la gallina, porque rumbo a 2012 el creativo estratega panista se tropezó con el paquete fiscal de Felipe Calderón, y en ese momento la convergencia de circunstancias, operadores, y el “testigo de honor”, indican que Carlos Salinas pudo haber puesto sobre la mesa un pacto que está descarrilando a un tiempo la formidable locomotora priísta de 2012, la segunda (¿última?) presidencia panista y la vapuleada credibilidad de nuestro enclenque Poder Legislativo. (¿Alguien sostiene aún que el PRIAN es sólo un mito en la imaginación calenturienta de algunos comentaristas políticos?)&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    ¿Por qué continúa César Nava al frente del partido? ¿Por qué sigue Paredes al frente del suyo, después que de motu proprio, o inspirada por Salinas, abrió su juego y destapó antes de tiempo (¡anatema!) a Enrique Peña Nieto como candidato de la unidad revolucionaria? Un destape al estilo del convulsionado siglo XXI (y un hundimiento del partido en el poder comparable al del Titanic, o al de la presidencia de Fox, que para el caso es lo mismo). “Me van a extrañar”, vaticinó el ranchero dicharachero de Guanajuato. ¡Y tuvo razón! (Para él las alianzas tienen como único propósito “darle en la madre” a otro partido.)&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    He escuchado las versiones de los firmantes y del “testigo de honor”. Y si bien es cierto que el recuento de versiones y comentarios revela el propósito, la identidad del gran actor emboscado, y los motivos para no protocolizar un documento avalado por testigos (uno por cada parte), nada sustituye la lectura del documento. Es la única manera de analizar su estructura legal y los alcances políticos. Ahora, envueltos en el escándalo, los causantes agraviados exigimos conocer el texto utilizado para “amarrar” la candidatura presidencial de Peña Nieto, a cambio de aumentar la carga impositiva de contribuyentes doblados por la peor crisis económica de la historia: tras recesión aniquilante, desempleo masivo y emergencia de salud, ¿ahora más impuestos para detener alianzas electorales? Si París bien vale una misa, como dijo otro Enrique, el IV de Navarra, para acceder al trono de Francia, la Presidencia de México bien vale uno por ciento de IVA. ¡Qué tanto es tantito!&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    El pacto reveló las miserias de nuestro sistema político. ¿Priístas, antaño defensores de obreros, campesinos y clases populares, pactando con el PAN un ofensivo aumento de impuestos para blindar con dos años de anticipación la candidatura de Peña Nieto? ¿Panistas, otrora enemigos acérrimos del PRI, protegiendo la candidatura de Peña Nieto a cambio de votos para apoyar el paquete fiscal de Calderón? (Oh, maestro Salinas, padre del PRIAN, ¡qué manera tan obvia de mostrarnos la mano con la que agitas las aguas negras de la política nacional!)&lt;br/&gt;En un país acostumbrado a escándalos políticos de corta duración, el pacto no debería ser uno más. Es un tema de importancia nacional, que revela como nunca la realidad de nuestros gobernantes, dirigentes partidistas y representantes populares: han rebasado finalmente los límites de la decencia, la impunidad, la prepotencia, el cinismo y la codicia. ¡Que se vayan todos!&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    En cuanto al pacto vergonzante que todos quieren ocultar, ¿lo redactó el abogado Gómez Mont, para después firmarlo como “testigo de honor”? Aunque rechazó enérgicamente que el pacto se reduzca a “votos por impuestos”, reconoció que el propósito era obtener el voto del tricolor a favor del dictamen de la Ley de Ingresos, a cambio de no celebrar alianzas de “determinadas características” en el estado de México. ¿Hay alguna diferencia? ¿Qué antecedentes hubiera insertado un notario? Yo hubiera comenzado por afirmar: “el PRI declara ser un partido político debidamente registrado, fundado por Plutarco Elías Calles, modificado por el patriota Lázaro Cárdenas y adaptado para los gobiernos civiles por Miguel Alemán; un partido que antaño fue de obreros, campesinos y clases populares, y hoy es tristemente manipulado por el ex presidente Salinas, padre del PRIAN, en beneficio de los poderes fácticos”. ¿Y qué declaraciones haría el PAN, que “reconoce ser el ala derecha del PRIAN, sumido en la debacle, y con una agenda que requiere la ayuda del PRI para hundir aún más a los contribuyentes, salvar lo que queda del sexenio y retener la Presidencia en 2012”?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;    Para qué especular, si ya lo dijo Peña Nieto: “papelito habla”. Déjense de retóricas rebuscadas y muéstrenlo al pueblo. ¡Que juzguen los contribuyentes!</description>
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      <title>¿Et tu, Salinas?&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 5 Mar 2010 00:53:06 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/3/5_files/salinasfinal.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_9.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:102px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;En la tragedia de Julio César el emperador, en uno de los momentos más dramáticos del teatro shakespeariano, descubre al entrañable Brutus entre sus asesinos y balbucea una frase que pasó a la historia como paradigma de todas las traiciones: ¿tú también, Brutus? Que con algo de licencia literaria convertiría en ¿eres tú, Salinas?&lt;br/&gt;En un reciente seminario sobre la privatización de la banca el ex presidente declaró que el Estado “debe retomar el control del sistema de pagos para tener un desarrollo soberano”. ¿Salinas, promotor a ultranza del libre comercio, darling del neoliberalismo, poseído antaño por una fiebre privatizadora, se “nacionaliza” de pronto en este año de celebraciones patrias? Milenio tituló la nota con fanfarrias: “ni neoliberalismo ni populismo, democracia republicana: Carlos Salinas” (24/2/10).&lt;br/&gt;Un somero análisis del discurso del ex presidente nos hace concluir que no traiciona sus antiguas convicciones: simplemente regresa a una vieja obsesión, que le ha tomado 16 años de investigación y dos tomos de miles de páginas: el error de diciembre. Hoy, convertido en factótum de la política nacional, Salinas ventila su sed de venganza: fue Ernesto Zedillo quien “dio de baja a la mayor parte del equipo financiero (el equipo que Salinas necesitaba para seguir gobernando tras bambalinas) y duplicó en un mes (diciembre, claro está) la emisión de tesobonos”: ¡un arma financiera de destrucción masiva concebida por Salinas!&lt;br/&gt;    En julio del año pasado comparé en estas páginas la crisis de 1995 con la situación actual, y concluí que la inusitada crisis enfrentada por Zedillo fue provocada por los excesos salinistas, y por una enorme deuda externa que había cambiado peligrosamente de manos. En lugar de un reducido grupo de bancos comerciales, con quienes antes se había negociado, Salinas convirtió a los acreedores en miles de inversionistas anónimos que cobraban intereses a través de poderosos fondos de inversión. A mitad de su sexenio, mientras negociaba entusiasmado el Tratado de Libre Comercio (TLC), Salinas cambió el perfil de la deuda y abrió la puerta para que las tesorerías de los fondos internacionales acudieran a México buscando los redituables tesobonos. Esos populares títulos de corto plazo, garantizados por el gobierno mexicano, estuvieron originalmente denominados en pesos, hasta que Salinas los convirtió a dólares. Devengaban además intereses a las elevadas tasas ofrecidas por la banca mexicana: un negocio redondo para los inversionistas, ¡y una bomba de tiempo para México!&lt;br/&gt;    El artefacto explotó tras los asesinatos de Posadas Ocampo, Ruiz Massieu y Luis Donaldo Colosio, cuando los inversionistas, que buscaban utilidades y seguridad económica, sin riesgo político, iniciaron una atropellada fuga de capitales que redujo las reservas por debajo de los 6 mil millones de dólares. El país estaba quebrado, y algunos economistas discutían sotto voce la posibilidad de que Zedillo, a punto de asumir el poder, declarara una moratoria de pagos. He ahí el origen de la crisis de 1995, que Salinas insiste en atribuir a un elusivo error de diciembre del sucesor. Quince años después sabemos que la crisis no fue ocasionada por una supuesta impericia de Zedillo. Fue consecuencia de decisiones tomadas y actos (como los asesinatos políticos) ocurridos durante el gobierno de Salinas.&lt;br/&gt;    “La privatización bancaria estuvo bien hecha, y no ocasionó la crisis de 1995”, afirma sin inmutarse el hombre que malbarató aceleradamente el sistema bancario a “casabolseros”, interesados en el corto plazo, y empresarios que de la noche a la mañana se volvieron aprendices de banqueros. Salinas, hoy envuelto en la bandera de la rectoría del Estado, oculta que en 1990 privatizó la banca, y promulgó la ley que abrió la puerta a la inversión extranjera en los bancos. Miguel de la Madrid elevó a la Constitución el concepto de “rectoría del Estado”, pero Salinas lo anuló 10 años después, cuando desmanteló el partido, jugó con el sistema y se lanzó a perseguir el neoliberalismo. Se trataba de complacer al Congreso estadunidense para obtener la aprobación del TLC.&lt;br/&gt;    ¿Et tu, Salinas, regresas 20 años después a promover el “desarrollo soberano”; hoy que la banca funciona con parámetros objetivos, capital, recursos técnicos y funcionarios profesionales? ¿Tú que descarrilaste un proceso iniciado en 1910 para asegurar el control gubernamental sobre la economía y los recursos naturales? Me refiero al lento proceso de consolidación de la rectoría del Estado que se inició con la Constitución de 1917, siguió su carrera ascendente hacia la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas y culminó con las reformas de Miguel de la Madrid, que insertaron un capítulo de derecho económico en la Constitución.&lt;br/&gt;    Qué tarde llega Salinas (el hombre que americanizó nuestro sistema jurídico) a recuperar la rectoría estatal y la soberanía; el hombre que negoció en 1991 un tramposo TLC que se extendió más allá del comercio de bienes para incluir inversiones, servicios, telecomunicaciones, servicios financieros y propiedad intelectual. ¿Et tu, Salinas?</description>
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