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      <title>¿Et tu, Salinas?&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 5 Mar 2010 00:53:06 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/3/5_files/salinasfinal.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_9.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:102px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;En la tragedia de Julio César el emperador, en uno de los momentos más dramáticos del teatro shakespeariano, descubre al entrañable Brutus entre sus asesinos y balbucea una frase que pasó a la historia como paradigma de todas las traiciones: ¿tú también, Brutus? Que con algo de licencia literaria convertiría en ¿eres tú, Salinas?&lt;br/&gt;En un reciente seminario sobre la privatización de la banca el ex presidente declaró que el Estado “debe retomar el control del sistema de pagos para tener un desarrollo soberano”. ¿Salinas, promotor a ultranza del libre comercio, darling del neoliberalismo, poseído antaño por una fiebre privatizadora, se “nacionaliza” de pronto en este año de celebraciones patrias? Milenio tituló la nota con fanfarrias: “ni neoliberalismo ni populismo, democracia republicana: Carlos Salinas” (24/2/10).&lt;br/&gt;Un somero análisis del discurso del ex presidente nos hace concluir que no traiciona sus antiguas convicciones: simplemente regresa a una vieja obsesión, que le ha tomado 16 años de investigación y dos tomos de miles de páginas: el error de diciembre. Hoy, convertido en factótum de la política nacional, Salinas ventila su sed de venganza: fue Ernesto Zedillo quien “dio de baja a la mayor parte del equipo financiero (el equipo que Salinas necesitaba para seguir gobernando tras bambalinas) y duplicó en un mes (diciembre, claro está) la emisión de tesobonos”: ¡un arma financiera de destrucción masiva concebida por Salinas!&lt;br/&gt;    En julio del año pasado comparé en estas páginas la crisis de 1995 con la situación actual, y concluí que la inusitada crisis enfrentada por Zedillo fue provocada por los excesos salinistas, y por una enorme deuda externa que había cambiado peligrosamente de manos. En lugar de un reducido grupo de bancos comerciales, con quienes antes se había negociado, Salinas convirtió a los acreedores en miles de inversionistas anónimos que cobraban intereses a través de poderosos fondos de inversión. A mitad de su sexenio, mientras negociaba entusiasmado el Tratado de Libre Comercio (TLC), Salinas cambió el perfil de la deuda y abrió la puerta para que las tesorerías de los fondos internacionales acudieran a México buscando los redituables tesobonos. Esos populares títulos de corto plazo, garantizados por el gobierno mexicano, estuvieron originalmente denominados en pesos, hasta que Salinas los convirtió a dólares. Devengaban además intereses a las elevadas tasas ofrecidas por la banca mexicana: un negocio redondo para los inversionistas, ¡y una bomba de tiempo para México!&lt;br/&gt;    El artefacto explotó tras los asesinatos de Posadas Ocampo, Ruiz Massieu y Luis Donaldo Colosio, cuando los inversionistas, que buscaban utilidades y seguridad económica, sin riesgo político, iniciaron una atropellada fuga de capitales que redujo las reservas por debajo de los 6 mil millones de dólares. El país estaba quebrado, y algunos economistas discutían sotto voce la posibilidad de que Zedillo, a punto de asumir el poder, declarara una moratoria de pagos. He ahí el origen de la crisis de 1995, que Salinas insiste en atribuir a un elusivo error de diciembre del sucesor. Quince años después sabemos que la crisis no fue ocasionada por una supuesta impericia de Zedillo. Fue consecuencia de decisiones tomadas y actos (como los asesinatos políticos) ocurridos durante el gobierno de Salinas.&lt;br/&gt;    “La privatización bancaria estuvo bien hecha, y no ocasionó la crisis de 1995”, afirma sin inmutarse el hombre que malbarató aceleradamente el sistema bancario a “casabolseros”, interesados en el corto plazo, y empresarios que de la noche a la mañana se volvieron aprendices de banqueros. Salinas, hoy envuelto en la bandera de la rectoría del Estado, oculta que en 1990 privatizó la banca, y promulgó la ley que abrió la puerta a la inversión extranjera en los bancos. Miguel de la Madrid elevó a la Constitución el concepto de “rectoría del Estado”, pero Salinas lo anuló 10 años después, cuando desmanteló el partido, jugó con el sistema y se lanzó a perseguir el neoliberalismo. Se trataba de complacer al Congreso estadunidense para obtener la aprobación del TLC.&lt;br/&gt;    ¿Et tu, Salinas, regresas 20 años después a promover el “desarrollo soberano”; hoy que la banca funciona con parámetros objetivos, capital, recursos técnicos y funcionarios profesionales? ¿Tú que descarrilaste un proceso iniciado en 1910 para asegurar el control gubernamental sobre la economía y los recursos naturales? Me refiero al lento proceso de consolidación de la rectoría del Estado que se inició con la Constitución de 1917, siguió su carrera ascendente hacia la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas y culminó con las reformas de Miguel de la Madrid, que insertaron un capítulo de derecho económico en la Constitución.&lt;br/&gt;    Qué tarde llega Salinas (el hombre que americanizó nuestro sistema jurídico) a recuperar la rectoría estatal y la soberanía; el hombre que negoció en 1991 un tramposo TLC que se extendió más allá del comercio de bienes para incluir inversiones, servicios, telecomunicaciones, servicios financieros y propiedad intelectual. ¿Et tu, Salinas?</description>
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      <title>Las palabras de mi general&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Thu, 18 Feb 2010 17:25:03 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/2/18_Entry_1_files/generalfinal.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:57px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;En Vecinos distantes, Alan Riding incluyó un capítulo en el que admiraba el lenguaje enigmático de los políticos del antiguo régimen. Riding, por años corresponsal de The New York Times en México, decía que algunos discursos presidenciales, no obstante la verba florida, eran incomprensibles para la mayoría. Se trataba de piezas de oratoria meticulosamente redactadas para beneficio de unos cuantos o para enviar algún mensaje político. El presidente podía hablar con elocuencia sobre los héroes, la patria y sus valores fundamentales, pero el mensaje entre líneas podía ser de advertencia para alguien que no jugaba con las reglas del sistema.&lt;br/&gt;Sobre la retórica rimbombante de nuestros políticos también se pronunció Octavio Paz. En el prólogo a la versión inglesa del maravilloso libro de testimonios de Elena Poniatowska, Massacre in Mexico, Paz resumió las aspiraciones populares de 1968 como el deseo de democratizar un sistema presidencialista monolítico, “que se comunicaba con el pueblo en monólogos intoxicados por una retórica superior que los envolvía como una nube”.&lt;br/&gt;Así, con una retórica superior, habló el general Guillermo Galván Galván en el 97 aniversario de la Marcha de la Lealtad. Se refirió enigmáticamente a “los detractores de México que quieren dividir a los soldados de aire, mar y tierra”. Faltó decir quiénes son y qué pretenden, porque el comentario deja flotar la amenaza de que en esta época de gran turbulencia política hubiesen además fracturas entre los miembros de las fuerzas armadas. Por otra parte, sería impensable que la referencia fuese a los comentaristas que criticamos la participación del Ejército en la guerra contra el crimen.&lt;br/&gt;En “Cuernavaca, de la mano de la DEA” (La Jornada, 08/1/10) concluí que la participación de la Armada, cada día más involucrada en la elusiva guerra contra el crimen, y la extraña ausencia del Ejército en ese operativo, se debió a la creciente insistencia de que el jefe de jefes vivía y operaba en Morelos protegido por la policía y miembros del Ejército. Terminé esa colaboración especulando: “¿qué hará el gobierno si se corrompe la Marina: recurrir a los marines de las barras y las estrellas?” Me pregunto si comentarios de esa índole sean suficientes para calificar a los autores como “detractores de México”. Peor aún, ¿serán suficientes para “dividir a los soldados de aire, mar y tierra”? ¡Parecería inverosímil que los analistas políticos tuviésemos tanto poder! Creo, más bien, que en este punto las palabras del general constituyen, como expresó el editorial de La Jornada, “un faccionalismo fuera de lugar, y una amenaza inaceptable a la libertad de expresión” (2/10/10).&lt;br/&gt;Olvidando las funciones que le confieren las leyes, y la respetuosa neutralidad que las fuerzas armadas habían conservado hasta hoy, el general expresó libremente las prioridades sociopolíticas del Ejército. Afirmó sin ambages: “desde nuestro ámbito miliciano las prioridades del México contemporáneo deben quedar enmarcadas en dos grandes objetivos: la cohesión social y el acuerdo político”. (Lo siento, mi general, ambos pertenecen al área de la política, y por tanto están fuera del “ámbito miliciano” y de las funciones constitucionales del Ejército.) Conviene recordar que ni en la época dorada del régimen anterior (cuando fuimos gobernados por presidentes militares y la relación con el Ejército era prácticamente simbiótica) se había pronunciado el Ejército en forma tan decidida a favor de las prioridades políticas del gobierno en turno. ¡El genio se salió de la botella y adquirió vida propia!&lt;br/&gt;Con la libertad que le da saberse uno de los pilares del régimen, el general adoptó sin condiciones la reforma política de Felipe Calderón. En este punto hizo otro comentario fuera de lugar: enfatizó el apoyo decidido de los cadetes del Heroico Colegio Militar contra “las aviesas intentonas” de quienes se oponían a la convicción política de Madero (¿califica de “aviesos” a los opositores de la Reforma?). También recordó, a manera de advertencia, que en la época de Madero “el rumor, la intriga y la crítica destructiva crearon un ambiente de descomposición social que culminó en amargos desenlaces” (¿así de grave percibe la situación?). En franco contraste con la actitud del secretario, dispuesto a “dar todas las batallas, sin la mínima confusión”, algunos altos mandos del Ejército y la Armada se muestran preocupados: solicitan con urgencia un marco legal para protegerse contra las decisiones equivocadas del poder político. Les preocupan las consecuencias legales que sufrieron quienes participaron en la guerra sucia en los 70 (La Jornada, 15/2/10).&lt;br/&gt;El general tuvo palabras para todos. A quienes especulan que en 2010 pudiese revivir la violencia, les advirtió: “mal haríamos en ver nubarrones en el porvenir o hacer cábalas con las coincidencias cronológicas para emplearlas como matriz de nuevas rediciones violentas”. Con ese inusitado discurso el Ejército, que salió inopinadamente de los cuarteles para combatir el narcotráfico, ingresó de lleno en el contexto de la política nacional.</description>
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      <title>Tony Blair: ¿la sombra de Pinochet?&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 5 Feb 2010 00:20:19 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/2/5_Entry_1_files/blairpinoch.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_7.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:104px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;La principal característica de una verdadera democracia es la rendición de cuentas. El momento crucial en el que los funcionarios públicos le explican al pueblo cómo ejercieron el poder. El inquisidor puede ser una comisión de notables (como las “comisiones de la verdad” de Sudáfrica y América Latina), o un simple tribunal del fuero común, siempre que actúen conforme a derecho y en representación del pueblo, lo cual excluye motivos partidistas. Por lo demás, sin rendición de cuentas la democracia se reduce a un sistema hueco, en el que acudimos a las urnas mecánicamente para depositar boletas electorales, con la triste consolación de que siempre podremos regresar a depositar un insignificante “voto de castigo”. Creo que es válido decir: “dime cómo funciona tu sistema de rendición de cuentas y te diré qué clase de democracia eres”.&lt;br/&gt;Por lo pronto, en el tema de Irak, las diferencias entre Inglaterra y Estados Unidos, los dos países verdaderamente involucrados, son notables. George W. Bush, principal instigador de una invasión violatoria del derecho internacional, culpable de la guerra civil que destruyó Irak, vive hoy despreocupado, departiendo entre los petroleros texanos en su elegante mansión de Preston Hollow en Dallas, y disfrutando su rancho de Crawford los fines de semana. Atrás quedaron los 5 mil soldados muertos en combate, las 100 mil víctimas civiles clasificadas fríamente como “daños colaterales”, y los miles de mutilados que perdieron brazos, piernas y ojos en cumplimiento del deber.&lt;br/&gt;En el cajón de la historia quedaron las torturas en la prisión de Abu Ghraib, y los vuelos de la CIA que transportaban sospechosos secuestrados en el mundo entero para ser “entregados a domicilio” en países como Egipto y Jordania, donde eran interrogados en violación de los acuerdos de Ginebra. Al encargar la tortura de supuestos terroristas a “países amigos” Bush, devoto evangélico que se comunicaba con Dios, podía asegurar de cara al mundo que “Estados Unidos no tortura”. ¿Y quién le pedirá cuentas de la deuda contraída en la guerra de Irak, un monto estratosférico que terminó quebrando la economía de Estados Unidos y destruyendo el sistema financiero mundial: ¡3 millones de millones de dólares!?&lt;br/&gt;Tony Blair, en cambio, hoy llamado irónicamente por Robert Fisk Lord Blair de Kut al-Amara (tal vez como enviado del Reino Unido en Oriente Medio), el socio más prominente de la ridícula “coalición internacional” orquestada por Bush, se sentó seis horas en el banquillo de los acusados el viernes pasado para explicar a la Comisión Chilcot las decisiones que lo llevaron a participar en la invasión. Su interrogatorio estuvo abierto al público y fue difundido en los medios. (¡Increíble, a este prestigiado intelectual se le acusa de haber caído bajo el inverosímil embrujo de George W. Bush!) Junto con el ex primer ministro comparecieron algunos miembros de su gabinete: “¿Estuvieron de acuerdo con su jefe o intentaron disuadirlo? ¿Ofrecieron renunciar en caso de desacuerdo con Mr. Blair?” Uno a uno fueron declarando frente a lord Chilcot y su comisión de notables.&lt;br/&gt;Los interrogatorios, agudos, y a veces hirientes, se desarrollaron en un clima de gran educación y civilidad (¡se trataba, después de todo, de una investigación de alto nivel entre english gentlemen, en un país con el más sofisticado sistema judicial del mundo!). Hubo un momento, cuando Blair declaró no tener remordimientos, en el que un miembro del público protestó en voz alta: “¡Oh, por Dios!”. Afuera del centro de conferencias se montó un verdadero circo: cientos (¿miles?) de manifestantes con máscaras de Blair y las manos manchadas con tinta roja dejaban flotar la pregunta que ha preocupado a muchos analistas desde que abandonó el poder: ¿es Tony Blair un criminal de guerra? Están, por supuesto, los 179 soldados muertos sin razón (nada comparable a los 5 mil soldados estadunidenses), pero pesan sobre él las 100 mil víctimas civiles, que Blair le atribuye hoy cómodamente a Al-Qaeda, al régimen perverso de Saddam Hussein y a la “verdadera creencia” de que el dictador tenía armas de destrucción masiva. ¡Él y Bush intentaban salvar al mundo!&lt;br/&gt;La Jornada publicó el sábado pasado el estupendo artículo de Robert Fisk (“Tony Blair y su inmaculada conciencia”). El autor cuestiona la sinceridad de Blair. Ahí estaba Blair, dice, “con su impecable atuendo de negocios y su impecable camisa blanca; con su inmaculada conciencia”. Echando mano de juegos de palabras y artificios intelectuales intentaba ocultar la verdad; contestaba, eso sí, a todas las preguntas “con absoluta franqueza”.&lt;br/&gt;Un voto de censura podría tener consecuencias graves para Blair. El hombre que impidió la extradición de Pinochet a España, hoy gana 7 millones de libras como conferencista, consultor de cambio climático, asesor de dos instituciones financieras internacionales y consultor para las Olimpiadas de Río. De ser censurado, tal vez tuviera que restringir sus viajes fuera del Reino Unido. Bush ni se inmuta: vive tranquilo en una democracia diferente.</description>
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      <title>Independencia y Revolución&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 22 Jan 2010 10:39:03 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/1/22_Independencia_y_Revoluci%C3%B3n_files/Slide1.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Han comenzado las especulaciones: ¿cómo celebrar el bicentenario de la Independencia? Y el centenario de la Revolución, del que por razones obvias no habla mucho Felipe Calderón: tal vez por considerarlo un festejo que corresponde a “los otros mexicanos”, los impíos que cerraban iglesias, colgaban curas y prohibían el culto religioso; los enemigos acérrimos del PAN original, hasta que las líneas divisorias se fueron confundiendo en el horizonte (¿ilusión óptica?).&lt;br/&gt;La Jornada presentó recientemente un magnífico ejemplo de las dos versiones que han comenzado a circular: la histórica, la de gracias al Cielo por la libertad, los 200 años de independencia, la infraestructura, la modernidad, la educación universitaria, el arte y la cultura; los héroes que nos dieron patria (y los que nos la quitaron también, porque en momentos como éste no estamos para escatimar generosidad). La otra versión, menos agradecida, más descarnada, pero también más humana, es la de quienes nos preguntamos frente al momento actual: ¿desfiles, festejos, bailes? ¿Verbenas en el Zócalo y Reforma? ¿En medio del hambre, la desolación, la inseguridad, el desempleo, los cierres de empresas, los nuevos impuestos y las alzas de precios para tapar el “hoyo fiscal” del doctor Carstens; frente a la muerte diaria y violenta de miles de mexicanos? (¿PAN y circo?)&lt;br/&gt;La primera versión, cargada de optimismo, cultura y contenido histórico, fue de Soledad Loaeza. Olvidando sus dotes de excelente periodista y comentarista se subió a la cátedra universitaria para declarar que mientras políticos y comentaristas no saben qué celebrar el 2010, “los historiadores, sociólogos, economistas, politólogos y los especialistas comprometidos con la producción de conocimiento, antes que con la formación de opinión, podrán decirnos que son muchas las hazañas que debemos conmemorar”. Me quedo con la versión más realista de Adolfo Sánchez Rebolledo, para quien el juego de los números con el que podría disfrazarse la falta de crecimiento en 2010, “será insuficiente para ocultar la tragedia de innumerables familias cuyos miembros, uno a uno, han venido perdiendo el empleo, sin saber si algún día lo recuperarán”. Vale la pena leerlas (07/1/10).&lt;br/&gt;Calderón nos ha invitado en dos ocasiones a elevar el corazón (una especie de sursum corda del rito católico) para festejar el bicentenario escribiendo “páginas de gloria”, orgullosos de los colores, sabores y canciones de México. ¿Quién hablará por el centenario de la Revolución: el partido revolucionario de Lázaro Cárdenas, o el neoliberal de Salinas de Gortari? (No olvidemos que el darling del neoliberalismo, no obstante la pretendida “modernidad” que habría de traer el TLC, montó el escenario que dejó al país entre cierres de empresas, desaliento e inseguridad, que después atribuyó al error de diciembre.) ¿Celebrará la Revolución un régimen panista que le ha dado la vuelta al 20 de noviembre? Lo invito a leer “¿…y la Revolución apá?” (La Jornada y &lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/&quot;&gt;www.jorgecamil.com&lt;/a&gt; 28/11/08/): “durante el siglo priísta era anatema dar un paso sin mencionar la palabra “revolución”; fue el leitmotiv del partido oficial, inspiración de presidentes y el ingrediente que jamás faltaba en los discursos oficiales; un ingenioso pegamento que mantuvo viva la santa unión entre gobernantes, obreros, campesinos y las llamadas organizaciones populares”. Después los gobernantes dejaron de ser “revolucionarios”, aunque gracias a ese movimiento armado México haya abandonado la dictadura y el atraso para entrar de lleno en la modernidad. Soledad Loaeza advierte, con razón, que la historia de los primeros 200 años es más diversa, rica y compleja que la historia del PRI, “que es la obsesión de quienes pretenden explicar todo el pasado a partir de su hegemonía de cuatro décadas”. Sin embargo, ¿cómo tapar el sol con un dedo?&lt;br/&gt;Hasta la llegada de Vicente Fox, procaz diseñador del “águila mocha”, la celebración del 20 de noviembre había sido el festejo al que se aferraba el antiguo partido oficial para justificar la esquizofrenia de su nombre: “revolucionario” e “institucional”: un subterfugio que servía además para ocultar su ausencia de ideología. Después, en su primer discurso “revolucionario”, un flamante secretario de Gobernación panista, Fernando Gómez Mont, habría de banalizar la efeméride convirtiéndola en “el día de la guerra contra el narcotráfico”, que representa en cierto modo la “revolución” personal emprendida por Felipe Calderón. Las “páginas de gloria” (un título de telenovela) inspiraron además un cartón de Ahumada que lo decía todo (La Jornada, 08/01/10): aparecía una mano que empuñaba una elegante estilográfica y escribía una lista interminable de cosas por hacer: “aumento al diesel, a la tortilla, al frijol, al gas…” ¿Ésos serán los adornos de la “celebración”? ¿Vale la pena festejar que a 200 años de la Independencia, y 100 de la Revolución, los poderes fácticos que controlan nuestro peculiar sistema democrático se jacten de conocer en 2010 qué partido va a ganar en 2012, y conozcan además el nombre del nuevo presidente?</description>
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      <title>Cuernavaca: de la mano de la DEA</title>
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      <pubDate>Thu, 7 Jan 2010 17:21:06 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2010/1/7_Cuernavaca__de_la_mano_de_la_DEA_files/flags.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_7.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;El operativo en el que murió Arturo Beltrán Leyva fue indudablemente una escalada en la “guerra contra el crimen organizado”; un cambio radical de estrategia, o una nueva aventura que pudiera conducirnos a incrementar la violencia. ¿A qué se debió el cambio? Pudo ser consecuencia de la intervención cada vez mayor de la DEA, que ahora tiene presupuesto para realizar labores de “inteligencia humana” en México, y encuadrándonos en el modelo de Colombia investiga posibles nexos del narco con la “guerrilla mexicana”. O pudo ser iniciativa de Felipe Calderón para mostrar avances en una “guerra” fallida que hoy, merced a la nueva estrategia, pudiera convertirse en un combate sin cuartel. Los informes sobre el operativo (torpes, parciales, incongruentes) revelaron inconsistencias importantes: primero apuntaron a “una excelente labor de inteligencia de la Armada” (aunque por razones obvias se ocultó la participación de la DEA, que horas después se vanagloriaba en Washington de la “exitosa labor conjunta”). Es obvio que atribuyéndole la autoría a la Armada se justificaba su incursión en una ciudad sin litoral, aunque poco después esa patraña se haya ido por la borda cuando los medios revelaron que el “hallazgo” pudo ser consecuencia de un pitazo para cobrar la recompensa de 2 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos. Por lo que toca a la participación de la Armada, cada día más involucrada en esta guerra, y a la extraña ausencia del Ejército, se dijo que el Jefe de jefes vivía y operaba en Morelos protegido por la policía y miembros del Ejército. Así que no se podía arriesgar el éxito a posibles filtraciones (¿qué hará el gobierno si se corrompe la Marina: recurrir a los marines de las barras y las estrellas, como Álvaro Uribe en Colombia?). Hasta aquí es imposible no asociar los hechos, la abierta participación de la DEA y la feroz matanza de Beltrán Leyva y sus escoltas, con el modus operandi utilizado para capturar y matar a los hijos de Saddam Hussein, por quienes antes se había ofrecido una recompensa de 20 millones de dólares (es la pauta que sigue Estados Unidos). En ambos casos se evacuó completamente el área para tender un hermético cerco militar que permitiera desatar una inclemente lluvia de fuego. Las evidencias muestran que en ambos casos se buscó dejar a las víctimas sin posibilidad de escape. (Para el obispo Raúl Vera los marinos mexicanos fueron a ejecutar, no a aprehender: “fue una ejecución extrajudicial”, declaró a La Jornada.) Los videos del departamento de Beltrán Leyva recordaron las imágenes dantescas del ataque a la casa de los hijos de Hussein. “Venían por él”, concluyeron vecinos de Beltrán Leyva en Cuernavaca. Por eso fue muy revelador que el procurador general hubiera iniciado su conferencia adelantándose a los hechos: “la PGR no asesina presuntos culpables”, declaró. Fue significativo, también, que a 15 días de la masacre la PGR continuara “explicando” la ausencia del Ejército y apaciguándolo: “es un ariete en la lucha contra el crimen organizado”, dijo el procurador. Después, un poco obligado, añadió que el Ejército tuvo la importante misión de facilitar “seguridad perimetral” para detener “individuos armados que pudieran acudir a salvar a su jefe”. (Lo que nos faltaba: ¡rencillas entre Ejército y Marina sobre el narco!). Las represalias no se hicieron esperar: el cártel ordenó de inmediato la muerte de la familia del maestre Melquisedet Angulo, festejado inoportunamente como héroe del momento. Después vendría el escarmiento en los medios: charcos de sangre por doquier, paredes derruidas y macabras fotos de Beltrán Leyva, desnudo y cubierto de billetes y símbolos religiosos ensangrentados: un acto de barbarie no suficientemente aclarado, que violó el protocolo procesal, y los más elementales principios de un Estado democrático. ¿A qué vino el aparatoso despliegue de fuerza, cuando el mismo día del operativo se registraron 64 muertos y decapitados en varias entidades, y las cifras de 2009 muestran un narcoejecutado cada 60 minutos? (Milenio 2/1/10). Calderón es un hombre obstinado, que se molesta cuando alguien insinúa que estamos en proceso de convertirnos en un Estado fallido. No obstante, él mismo reconoció en el congreso de Guatemala que la guerra contra el narco no es una obsesión: “se justifica porque el narco busca apropiarse de nuestra sociedad”. (Previamente, en junio de 2008, había reconocido en Madrid que el crimen organizado comenzaba “a oponer su propia fuerza a la fuerza del Estado, a oponer su propia ley a la ley del Estado, e incluso a recaudar contra la recaudación oficial”.) Aunque todos reconocen el fracaso de una guerra sin objetivos claros, Calderón está condenado a continuarla (como George W. Bush en su momento en Irak), porque es el leitmotiv de su gobierno. Ante la caída de la economía, el desempleo y el fracaso de las reformas prometidas, la guerra contra el narco es un tema en el que nadie le pide cuentas, porque nadie tiene una clara definición de lo que constituyen ni la victoria ni el fracaso</description>
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      <title>Obama = Bush&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Thu, 10 Dec 2009 02:28:08 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/12/10_Entry_1_files/OBAMABUSH.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_7.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:100px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;El primero de diciembre pasado, en la academia militar de West Point, Barack Obama pronunció un discurso que podría significar el fin de su administración de la esperanza, una muestra más de la vocación intervencionista de Estados Unidos y la confirmación de que el premio Nobel de la Paz fue precipitado. (En cuanto al Nobel, resulta claro que el premio ha tenido peores galardonados: miren que otorgárselo a Henry Kissinger, arquitecto del golpe de Estado que desató la barbarie de Augusto Pinochet y destructor de Laos y Camboya: ¡cuánta destrucción y muerte causaron esas decisiones!)&lt;br/&gt;Cuando la popularidad de Obama va en descenso, y la economía se tambalea entre los buenos deseos y la clara perspectiva de volver a caer; cuando la ultraderecha continúa empeñada, hoy más que nunca, en una campaña (qué digo “campaña”: “guerra”) para impedir su relección, Obama envió 30 mil soldados adicionales a pelear una guerra que ninguna potencia internacional ha ganado en las escarpadas montañas de Afganistán.&lt;br/&gt;Hasta hoy, la de Estados Unidos había sido una “guerra” de baja intensidad, conteniendo al talibán para apuntalar al régimen corrupto de Hamid Karzai y esperando, cada vez con menores probabilidades, toparse con el fantasma de Osama Bin Laden en las impenetrables cuevas de Tora Bora.&lt;br/&gt;La de Obama, con 100 mil soldados comprometidos, se confirma como una guerra en toda la extensión de la palabra. Así lo dijo en la comparecencia legislativa del secretario de la Defensa, el poderoso representante por Nueva York Gary Ackerman: “¿cuándo van a reconocer que esta es una nueva guerra?” Una más –diría yo– sin autorización del Congreso y por decisión del presidente en turno: primero George W. Bush en Irak, y ahora Obama.&lt;br/&gt;Es obvio que el nuevo presidente se topó con el nefasto “complejo militar industrial” denunciado en los últimos días de su administración por el general Eisenhower (“el gobierno debe protegerse contra la influencia indebida del complejo militar industrial. Existirá siempre el riesgo de que ese enorme poder caiga en manos equivocadas”: como las de Bush en Irak, ¿y ahora Obama?).&lt;br/&gt;En su declaración de guerra Obama recurrió a los mismos puntos de referencia de Bush: el 11 de septiembre de 2001, el terrorismo internacional y la seguridad del mundo. Y esgrimió idénticas justificaciones: asegurar la instalación de un gobierno democrático y permitir que en un tiempo perentorio los afganos puedan enfrentarse al talibán. ¡Qué desilusión! ¿Obama, Nobel de la Paz, construyendo naciones por la fuerza de las armas? Como Bush en Irak, como Reagan en Nicaragua, como Kennedy en Vietnam.&lt;br/&gt;Además de caer en la tentación conocida como nation building, Obama cayó en el juego inevitable de la relección: prometió regresar los soldados en julio de 2011: ¡justo antes de las elecciones de 2012! Con su decisión recuperó una buena parte de la derecha, que lo consideraba “caballo de Troya” del Islam, y al regresar las tropas antes de la relección volverá a ser el héroe que ganó por un amplio margen en 2008. ¿Cinismo? No, política.&lt;br/&gt;Las semejanzas con Bush son alarmantes: la estrategia de éste al final de su mandato, conocida en inglés como “surge”, se convirtió en el “push” de Obama. La idea viene seguramente del complejo militar industrial (sobre todo en esta época de desempleo masivo) y consiste en avasallar al enemigo con dinero, tropas y armas. No funcionó en Irak. ¿Por qué habría de funcionar en Afganistán?&lt;br/&gt;Durante la presentación en West Point una joven espectadora sacudía la cabeza en desacuerdo: era Kori Schake, maestra de seguridad internacional en West Point. Al ser entrevistada después del acto, Schake lanzó tres críticas fundamentales al plan del presidente: la decisión de continuar apoyando incondicionalmente al régimen corrupto e ineficiente de Hamid Karzai, la ausencia de un plan de ayuda económica y social, y la ilusoria creencia de que los afganos podrán asumir su propia defensa en 18 meses. “Obama está cometiendo los mismos errores de Bush”, evaluó Schake, que en septiembre de este año, desilusionada por la ausencia de un plan de ayuda humanitaria, publicó en The Wall Street Journal (25/09/09) un artículo titulado “Comprométase en Afganistán o sálgase”.&lt;br/&gt;Existe la posibilidad de que Obama no tenga como único objetivo derrotar al talibán, sino extender la guerra al otro lado de la frontera para controlar Pakistán, al que los expertos militares consideran un Estado fallido sentado en un arsenal nuclear. La retórica de Obama, mejor expresada y con más claridad que la de Bush, recordó los argumentos de éste en el caso de Irak: “esta guerra será una prueba de nuestra determinación y liderazgo en el mundo”. Después, en forma increíble concluyó: “de la misma manera que lo hicimos en Irak, ejecutaremos esta transición en forma responsable”. ¿Bush actuó en forma “responsable” en Irak? ¿Se puede hablar de ”transición” democrática en Irak? No sería extraño que, junto con la campaña para revocarle el Nobel a Gore, por exagerar las cifras del cambio climático, se inicie una más para anular el que recibió Obama esta semana.</description>
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      <title>“Donde quiera hay grasita…”&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 27 Nov 2009 00:25:59 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/11/27_%E2%80%9CDonde_quiera_hay_grasita%E2%80%A6%E2%80%9D_files/teresa.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;¡Vulgar! No se le puede llamar de ninguna otra manera a la senadora María Teresa Ortuño. A menos de que le añadamos los motes de dicharachera y alburera (esta última es una cualidad que desarrollan muy pocas mujeres: vaya, no se les da). Ortuño es evidentemente una hembra de pelo en pecho, pero con poca educación. El colmo es que presida la comisión de educación del Senado. En una primera nota de La Jornada (11/11/09) Karina Avilés la dibujó estupendamente bien. Pero faltaba la foto, que el periódico publicó en todo su esplendor al día siguiente. Eso confirmó la primera impresión y puso todo en perspectiva: ¡la mujer es una fuerza de la naturaleza!, como los huracanes, los maremotos y los temblores de tierra.&lt;br/&gt;Tocada con una frondosa melena encajada como casco romano, el copete hacia adelante (todo en ella es hacia delante), la mirada inflexible y el mentón prominente, parece escudriñar el horizonte en busca de contrincantes, no interlocutores. Así subió al estrado batiendo tambores de guerra: anunció que no iba a leer el discurso “que le habían preparado” porque traía “algunos encarguitos”. Y dicho y hecho (no es mujer que se ande por las ramas) contestó a bocajarro la petición del director del IPN, que a nombre de 100 instituciones tecnológicas pretendía evitar la caída del presupuesto educativo: “no me vengan con esa demagogia de que nadie puede apretárselo” (no dejó claro si se refería a una parte del cuerpo humano o a una prenda de vestir). “No se vale echarle la pelotita a Calderón” –dijo– “donde lloran ahí está el muerto” (con eso me lancé de inmediato a desempolvar mi ejemplar de Picardía mexicana).&lt;br/&gt;Esta brava norteña, que con su agitado manotear en la tribuna apagaba el micrófono, explicó sin ambages su “filosofía educativa”: “El dinero no sirve de nada si no hay pasión, si no hay compromiso, si no hay decisión, si no hay vocación, si se pretende medrar y se busca que siempre se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”. Con esa apabullante andanada contestó la petición del sector más olvidado de las administraciones panistas. Confirmó que la educación superior no ha sido su prioridad, sobre todo cuando se trata de instituciones públicas.&lt;br/&gt;En diciembre de 2006 escribí en La Jornada (“Diputado pirrurris, 15/12/06) que el primer presupuesto del régimen reveló los valores y prioridades del nuevo gobierno. Los renglones hablaron más que mil palabras: aumento al ejército y cuerpos de seguridad (sexenio de mano dura) y recorte a universidades y actividades culturales (signo de un pobre concepto del intelecto). Adiviné, como muchos, que las prioridades serían “seguridad e inversión”, sin cultura. Seguimos igual, sólo que ahora sin seguridad ni inversión.&lt;br/&gt;En ese artículo me referí a otro célebre legislador panista, Raúl Padilla Orozco, a quien describí como “diputado pirrurris”, por la manera tan descarada como festejó el recorte presupuestario a la UNAM. Añadí que el presupuesto, y los comentarios del diputado “pirrurris”, confirmaban la vocación autoritaria y elitista del régimen, o por lo menos su desprecio por la UNAM (el mismo que muestra Ortuño por el IPN). Concluí que los panistas se inclinan más por las universidades privadas, donde se educan los señoritos, mientras más católicos y guadalupanos mejor.&lt;br/&gt;Los comentarios de la senadora confirmaron mis sospechas de 2006: el panismo desconoce la enorme deuda que tenemos con nuestras instituciones públicas de educación superior. Pasan por alto las necesidades de quienes nos han legado generaciones de médicos, arquitectos, veterinarios, ingenieros, abogados, escritores, músicos, periodistas e investigadores, sin los cuales no hubiéramos forjado el México moderno.&lt;br/&gt;Además de su tendencia a avasallar con el lenguaje, la nota mostró a Ortuño dispuesta a bajar del estrado en un santiamén, para pasar del dicho al hecho. Tras un intento de vender la utopía descabellada de una educación superior sin dinero (pero con mucha “pasión”), como afirma que hizo Manuel Gómez Morín cuando el gobierno le recortó el presupuesto “pa’ fregárselo”, Ortuño reconoció que la educación, la salud y el desarrollo social, son temas prioritarios, “pero, perdónenme, donde quiera hay grasita y se puede cortar grasita sin llegar al músculo ni al hueso”.&lt;br/&gt;Al final terminó con una frase inescrutable (¿sería en kung fu?): “el dinero no es dinero, es sueños, es sudor, es esfuerzo” (definitivamente la seducen las retahílas de sinónimos). Pero aún faltaba lo mejor. Entrevistado sobre la intervención de Ortuño, el secretario del ramo, Alonso Lujambio, cortó orejas y rabo declarando que “gente como Teresa Ortuño prestigia la política” (excuse me?). Le agradeció su “inteligencia, entusiasmo y pasión” (no cabe duda que fue un acto “apasionado”).&lt;br/&gt;La buena noticia es que los diputados aprobaron para la educación superior un incremento de 9 mil 300 millones sobre la suma pretendida por Calderón. ¿De dónde sacan los partidos legisladores como éstos? Se antoja un debate televisivo entre Ortuño y Fernández Noroña. Superaría los ratings de la comparecencia de Lozano</description>
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      <title>¿Fascismo en America?</title>
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      <pubDate>Thu, 12 Nov 2009 20:56:18 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/11/12_%C2%BFFascismo_en_America_files/CristerosMorelia1941.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object001_2.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:49px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;El lunes pasado participé en un foro organizado por La Jornada y Casa Lamm con el tema “Fascismo, ¿amenaza vigente en América Latina?” Los otros panelistas fueron Manuel Bartlett, ex senador de la República, y José Steinsleger, también editorialista de nuestro periódico.&lt;br/&gt;Durante mi intervención recorrí el significado histórico del término y concluí que escapa a una definición precisa, porque no se le identifica con alguna ideología en especial. Se ha convertido en un adjetivo peyorativo. Pero eso no es ninguna novedad, porque desde el ocaso del nacional socialismo alemán y del fascismo italiano, George Orwell, ensayista inglés que imaginó y describió en 1948 los regímenes totalitarios modernos en su novela de ciencia ficción, 1984, advirtió que el término se estaba convirtiendo en una palabra con muy poco significado.&lt;br/&gt;Con enorme sentido del humor Orwell reconoció en 1944 (“What is fascism?”) que la palabra adquiría mayor importancia en conversaciones informales, donde se utilizaba indistintamente para describir “granjeros, dependientes de tiendas, funcionarios públicos, la cacería de la zorra, las corridas de toros (Orwell vivió como periodista la Guerra Civil Española), Kipling, Gandhi, Chiang Kai-Shek, la homosexualidad, los albergues juveniles, la astrología, las mujeres, los perros, y no sé cuántas cosas más…”&lt;br/&gt;En el foro advertí que, estando en desacuerdo total con Orwell en el caso de las mujeres (aunque jamás fue su intención ofenderlas), yo no tendría problema para aplicarle el término a una famosa maestra a quien Luis Hernández Navarro describió en La Jornada con el feliz mote de Elba forever. Aunque la referencia obligada ha sido siempre el totalitarismo nacionalista de derechas, inspirado en Mussolini, Adolfo Hitler y la Falange española, algunos historiadores modernos afirman no encontrar diferencia alguna entre el régimen fascista-derechista de Alemania nazi y el gobierno comunista de José Stalin. Esa ambigüedad, reconocida por Orwell desde 1944, lo llevó a afirmar que, después de la gran guerra, comenzamos a llamar “fascistas” por igual, aunque por diversos motivos, a conservadores, socialistas, comunistas, trotskistas, católicos, pacifistas, nacionalistas, y a los amantes de la guerra.&lt;br/&gt;En la reunión, José Steinsleger recordó que México había tenido su propia experiencia con el fascismo, representado por la Unión Nacional Sinarquista, que en una “segunda etapa” pretende mantener viva la flama en un portal de Internet (&lt;a href=&quot;http://http://sinarquismo.tripod.com/&quot;&gt;http://sinarquismo.tripod.com/&lt;/a&gt;). Orwell reconoció que quienes lanzan el término con gran carga emocional como insulto personal, quieren describir a alguien “cruel, arrogante, oscurantista, antiliberal y en contra de la clase trabajadora”. Esta última característica fue el motivo por el que algunos legisladores calificaron a Javier Lozano de “fascista” durante su última comparecencia en el Palacio Legislativo. (En cuanto a “arrogancia”, Lozano confirmó esa característica al “aconsejar” a los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas, “como abogado y como secretario del Trabajo”, que era inútil acudir a instancias legales para impugnar el decreto presidencial: ¿un secretario del Trabajo, que es además abogado, recomendando a trabajadores agraviados que se abstengan de defender sus derechos? Con esas inauditas declaraciones el abogado Lozano confundió también las funciones otorgadas por la Constitución a los poderes Ejecutivo y Judicial.)&lt;br/&gt;En mi participación decidí quedarme con la definición de “fascismo” incluida en el Diccionario de la Real Academia: “adjetivo despectivo y coloquial para describir a personas de ideología política reaccionaria”: éste es el significado actual del término. En el caso de Estados Unidos me referí al brote de fascismo provocado por la administración de George W. Bush. Sus políticas alentaron el surgimiento de una ultraderecha retrógrada, racista, evangélica y nacionalista que hoy disfraza su racismo (una de las características del fascismo) con falsos argumentos de “seguridad nacional”. Para ellos, guardianes de la “ortodoxia americana”, Obama es percibido como comunista emboscado o caballo de Troya del fundamentalismo musulmán. (Dick Morris, autor de la frase: “López Obrador es un peligro para México”, insinúa ahora, frente a la matanza de soldados en Fort Hood a manos de un oficial estadunidense de origen musulmán, que tal vez Obama sea también un peligro para Estados Unidos.)&lt;br/&gt;En el tema de Honduras leí a los asistentes algunos párrafos de mi artículo “Honduras, ¿rebelión en la granja?” (La Jornada, 7/8/09). Al hablar de México comenté la inútil guerra contra el crimen organizado de Felipe Calderón y concluí que la militarización, el autoritarismo, los golpes de timón a la derecha, los acuerdos nebulosos con Estados Unidos, la inclinación por privatizar recursos naturales, la ausencia de solidaridad con los pobres, y la paulatina erosión del Estado laico, nos apartan de la transición democrática y nos acercan cada vez más, si no al fascismo, por lo menos a un claro y definido totalitarismo de derechas.</description>
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      <title>¿Guerra fallida o estrategia política?&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Thu, 29 Oct 2009 21:47:01 -0600</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/10/29_files/operativo.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:90px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Esta vez Rubén Aguilar y Jorge G. Castañeda publican El narco: la guerra fallida, libro sobre la guerra contra el crimen organizado. No son válidos los argumentos del gobierno, afirman desde el prólogo de la obra. Y tras desmenuzar las razones esgrimidas por Calderón en su declaración de guerra del 11 de diciembre de 2006 concluyen, con estadísticas de encuestadoras confiables, que México no está en riesgo inminente de que la droga “llegue a nuestros hijos”, porque el uso de estupefacientes se ha mantenido estable, por debajo de los demás países latinoamericanos, y que tampoco hemos pasado de país de tránsito a país de consumo. Por otra parte, concluyen que la violencia (descontando la directamente atribuible a la guerra presidencial) no va en aumento y que la corrupción es la misma que hemos padecido desde tiempos inmemoriales. Dicen que los cárteles de la droga no amenazan al Estado mexicano, aunque en este punto reconozco que las entrevistas y discursos presidenciales han ido de aquí para allá según conviene a sus muy personales intereses políticos.&lt;br/&gt;Para Calderón somos un Estado en riesgo de ser inviable, si se trata de justificar la guerra contra el crimen organizado, pero estamos lejos de caer en el calificativo de “Estado fallido” cuando no es necesario esgrimir justificación alguna. (En Guatemala, esta semana, Calderón afirmó en el Congreso que la guerra contra el narco “no es una obsesión”. se justifica porque el narco “busca apoderarse de nuestra sociedad”.) Recuerdo que hace un año el Presidente le aseguró a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que “en breve regresaría el Ejército a los cuarteles”, aunque un día después la Defensa haya anunciado que continuaría el combate porque el narcotráfico “había puesto en riesgo la viabilidad del país”. Y no obstante la vigorosa defensa a principio del año en Davos, para refutar a funcionarios estadunidenses que nos consideraban un “Estado fallido”, Calderón había reconocido en Madrid, en junio de 2008, que “el crimen organizado comenzaba a “oponer su propia fuerza a la fuerza del Estado, a oponer su propia ley a la ley del Estado, e incluso a recaudar contra la recaudación oficial”.&lt;br/&gt;Aguilar y Castañeda analizan la incursión del narco en la vida política, y concluyen que la de hoy no es ni mejor ni peor que la de hace 25 años: la misma corrupción, la misma complicidad, y las mismas áreas grises que impiden identificar claramente a policías y ladrones. ¿Posible participación de altos funcionarios (secretarios y procuradores) en el negocio de la droga? Contestan: “resulta tan difícil demostrar o probar que algunos hayan sido cómplices, activos o pasivos, como imaginar que ninguno lo haya sido”.&lt;br/&gt;Uno de los motivos para la guerra fue la supuesta importación masiva de armas de grueso calibre de Estados Unidos. Los autores lo rechazan: ni la importación es masiva (lo demuestran con estadísticas confiables) ni todas las armas provienen de Estados Unidos; hoy día más de 14 países producen y venden el arma de elección, el “cuerno de chivo”.&lt;br/&gt;En una pequeña obra plagada de estadísticas, pero también de buen humor, los autores aseguran que Calderón se pudo haber embarcado en una magna cruzada contra el crimen no organizado, una especie de cero tolerancia a la Rudy Giuliani. Pero eso no hubiera despertado las pasiones y adhesiones de la guerra contra el narco. “Y sobre todo, no hubiera sido necesario vestir la casaca militar para publicitar el carácter de comandante en jefe del Presidente. El Ejército no podía convertirse en una fuerza antisecuestro. antifranelera y directamente antiPeje.”&lt;br/&gt;En esta guerra perdida de antemano el Presidente olvidó las tres recomendaciones de Colin Powell para la primera guerra del golfo Pérsico: superioridad de fuerzas (avasallar al enemigo), una clara estrategia de salida y una más clara definición de lo que constituye la victoria. Acusamos a Estados Unidos de ser el origen del problema (“pinches gringos mariguanos”, exclaman los autores parafraseando al mexicano de la calle), pero ellos ya van de salida: están a punto de convertir el tema del consumo en un problema social y de salud, mientras nosotros lo seguimos considerando un problema penal: perseguir y castigar, no rehabilitar. Uno de los autores propuso hace poco negociar con el narco y ahora proponen una solución al estilo de Colombia: atacar los daños colaterales (robo, secuestro, delitos menores), mientras el Estado se enfrasca con el narco en un quid pro quo de valores entendidos: qué puedes hacer y qué no.&lt;br/&gt;Dicen que en el tema de las drogas todos los estados se hacen de la vista gorda. Grave acusación, la de Aguilar y Castañeda, porque las conclusiones, anticipadas en el inicio de la obra, plantean una pregunta obligada que también fue contestada en el prólogo: “la razón primordial de la declaración de guerra fue política: lograr la legitimación supuestamente perdida en las urnas y los plantones, a través de la guerra en plantíos, calles y carreteras, ahora pobladas por mexicanos uniformados”.</description>
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      <title>Obama: ¿Nobel por buenas intenciones?&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 16 Oct 2009 00:23:39 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/10/16_Entry_1_files/Slide1.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object016_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:91px; height:58px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Obama es una figura carismática. Lo demostró en las primarias de los demócratas, venciendo a la poderosa maquinaria de los Clinton, y repitió la hazaña en las elecciones nacionales, cuando aplastó la fórmula retardataria de John McCain y Sarah Palin. Durante su campaña, en visitas relámpago a Inglaterra, Francia y Alemania, atrajo multitudes que le valieron el título mediático de “estrella de rock”. Pero, ¿premio Nobel de la Paz 2009? ¿Cómo justificarlo?, salvo que se trate de un Nobel otorgado a las buenas intenciones; un premio a lo que aún no es, sino a lo que hará. Como si el parlamento noruego hubiese dicho: “gracias por no ser como George W. Bush; gracias por ser un presidente diferente”.&lt;br/&gt;Fareed Zakaria, analista de The Washington Post, declaró que, en su opinión, el premio era más bien un reconocimiento a Estados Unidos, porque bajo el signo de Obama había decidido finalmente volver a conectarse con el mundo. Todos reconocen que en su corto mandato no ha realizado hazañas dignas del Nobel. Únicamente se ha manifestado a favor de una multitud de causas nobles, como el multilateralismo privilegiado por Bill Clinton, y ha cabildeado para detener la proliferación de armas nucleares y el deterioro ambiental. (En el tema de derechos humanos estuvo a favor de procesar a los agentes de la CIA que participaron en las torturas de Abu Ghraib y Guantánamo.)&lt;br/&gt;Lo dicho: un premio Nobel otorgado a las buenas intenciones. ¿Debe aceptarlo, como presidente en funciones y comandante en jefe de uno de los mayores ejércitos del mundo? La pregunta es justificada. ¿Cómo podría un Nobel de la Paz incrementar las acciones militares en Afganistán? ¿Cómo rechazaría una agresión armada sin antes buscar el camino obligado de la mediación diplomática?&lt;br/&gt;El primer sorprendido fue Obama. Se declaró apabullado y no ser merecedor de tan alta distinción. Con visible culpabilidad, y adivinando a sus críticos, explicó que el Nobel no se otorga “únicamente” por logros específicos, “sino para dar ímpetu a una serie de causas”. Palabras demasiado nebulosas para un hombre que se caracteriza por su claridad de pensamiento y su reconocida facilidad de palabra. Es obvio que el premio lo sorprendió fuera de base. Con ánimo de disuadir a quienes pudiesen abrigar la tentación de pedirle que rechazara el galardón, dijo de inmediato: “lo voy a aceptar, como una llamada a la acción para enfrentar, junto con los demás líderes mundiales, los enormes retos del siglo XXI”: ¡ese es el Obama sagaz y articulado que todos conocemos!&lt;br/&gt;El premio podría interpretarse también como un reconocimiento al vuelco que comienza a adivinarse en la política exterior de Estados Unidos. Pero, ¿se puede hablar de un vuelco en la política de Washington cuando el país continúa peleando en Irak, está a punto de aumentar el nivel de tropas en Afganistán, amenaza militarmente a Irán, y tardó meses en retirar la ayuda económica al régimen de Roberto Micheletti? Zapatero, siempre parco y certero, declaró que el premio debería verse más bien como “un estímulo”. Una especie –diría yo– de “te lo doy para que te portes bien”. ¿Y qué pasa si se porta mal y desata una guerra mundial? ¿Se le retira el galardón?&lt;br/&gt;Para la ultraderecha estadunidense, que disfraza su racismo extemporáneo con argumentos de “seguridad nacional”, Obama es percibido como un comunista emboscado, o como caballo de Troya del fundamentalismo musulmán. Afirman que como no creció en Estados Unidos no comparte sus valores. Lo consideran demasiado culto para ser un estadunidense común y corriente.&lt;br/&gt;Dick Morris, el ofuscado “consultor” que diseñó el lema “AMLO es un peligro para México”, opinó que el premio es el último esfuerzo del socialismo europeo para convertir a Estados Unidos en un país socialista, como Noruega (¡una reconquista de Europa en el continente americano!). ¿Se podría interpretar el premio como un reconocimiento a la épica lucha de los negros estadunidenses, que con Barack Obama conquistaron plena igualdad política? (Pero eso no es, ni debería ser, el premio Nobel de la Paz.)&lt;br/&gt;En el extraño contexto de pax americana diseñado por Bush, Estados Unidos pelea en Irak y Afganistán para mantener la guerra alejada de sus fronteras. Que mueran otros. Que otros sufran mientras continúan viviendo la vida loca del american way of life. ¿Guerras?, en el patio trasero, por favor.&lt;br/&gt;En ese contexto, ¿cómo justificar el premio a un Obama que amenaza a Irán, no ha cerrado Guantánamo y continúa peleando en Irak y Afganistán; un Obama que se muestra dispuesto a pelear contra los cárteles de la droga (ejércitos de la noche) en México y Colombia? En México mediante la polémica Iniciativa Mérida, y en Colombia con las bases militares negociadas con Álvaro Uribe. El nuevo Nobel acepta que se proteja la vulnerabilidad de sus fronteras y litorales con soluciones militares fuera de Estados Unidos. En el caso de México, la política es convertirnos en la última línea de defensa de sus fronteras. ¿Y cómo interpretar las bases militares de Colombia: una advertencia a la creciente izquierda latinoamericana?</description>
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      <title>Tlatelolco, hoy y siempre&#13;</title>
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      <pubDate>Fri, 2 Oct 2009 01:29:50 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/10/2_files/tlatel.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:89px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;¿Cómo olvidar a los niños exangües, alineados en bandejas de la morgue en los pasillos de alguna comisaría? Usted ha visto las fotos en La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska. Con qué facilidad decidimos abandonarlos para seguir el camino. Y digo decidimos porque fue un acto voluntario. Fuimos dejando de lado a los niños incómodos, a los niños “comunistas” que amenazaron al régimen de un autócrata, e impulsaron a otro a escalar la presidencia. Los niños que murieron para darle vida a un sistema in articulo mortis que respiraba con tanque de oxígeno. ¿Qué tiene nuestra presidencia que lo justifica todo, que todo lo perdona?&lt;br/&gt;“Dos de octubre no se olvida” es la frase que ha recorrido por 41 años el territorio nacional. No se olvida, como dice Pablo González Casanova, porque la matanza “produjo un rencor inolvidable”. Dos de octubre no se olvida, pero tampoco se castiga. El presidente responsable, Gustavo Díaz Ordaz (“GDO”, en boca de la prensa oficial; “DOG”, en las pintas callejeras del movimiento estudiantil) murió en la impunidad. Una figura compleja, con rasgos de personaje shakespeariano y marcadas características de tirano: como Trujillo, como Somoza, ¿cómo Roberto Micheletti?&lt;br/&gt;Murió endurecido, en el terco convencimiento de que los verdaderos machos enfrentan –y dominan– cualquier adversidad, incluyendo el genocidio. Con la bandera en el pecho y las fosas nasales hinchadas, mostrando la dentadura que era fuente inagotable de inspiración para caricaturistas y enemigos políticos, asumió la responsabilidad “ética, moral, jurídica e histórica” de la masacre en su quinto Informe de gobierno. Tenía la mirada altiva: estaba en casa, entre los suyos, en el recinto del honorable Congreso de la Unión. Ahí engolaba la voz masculina. Voz de mando, de hombre decidido; voz que se imponía frente a civiles y militares, y que éstos respetaban, porque además de presidente era comandante supremo de las fuerzas armadas. Después del mea culpa se fue a recorrer la campiña española con rango de embajador; buscaba aires nuevos. Hasta que lo persiguió el fantasma de Tlatelolco; hasta que lo dobló la enfermedad.&lt;br/&gt;Antes de su muerte, al surgir mayores indicios de la participación de Luis Echeverría, y preocupado por la historia, GDO dejó en sus memorias inéditas un acertijo para los siglos: “asumo la responsabilidad, mas no la culpabilidad”. Retruécanos de la política: ¿cómo separar una de la otra? Con la información de hoy es difícil saber si GDO fue manipulado por Echeverría, o si él mismo era de los que ven moros con tranchetes.&lt;br/&gt;Philip Agee, ex agente de la CIA que vivió Tlatelolco, y horrorizado por la barbarie abandonó la compañía, reveló en 1975 (Inside the Company) que GDO y Echeverría fueron informantes de la CIA. Años después Jefferson Morley, de Washington Post, en un artículo titulado: “Los ojos de la CIA en Tlatelolco”, confirmó lo dicho por Agee, basado en documentos liberados por Estados Unidos en 2006, y publicados por The National Security Archive (&lt;a href=&quot;http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB204/index2.htm&quot;&gt;www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB204/index2.htm&lt;/a&gt;).&lt;br/&gt;No cabe duda que Echeverría, el más astuto, ¿y el más culpable?, morirá exonerado con los santos óleos republicanos administrados por magistrados obsecuentes y tribunales complacientes. Ése es, lamentablemente, el estado de nuestro Estado de derecho; he ahí la tragedia de nuestra pobre democracia. Juan Velázquez, el abogado que defendió a Echeverría, afirma con ignorancia de la historia que hoy existen “dos verdades sobre Tlatelolco”: una –dice despectivo– “el dicho de la gente” y otra, “absolutamente distinta”, el fallo del tribunal. Por eso escribí en La Jornada en su momento (“Tlatelolco: genocidio sin culpables”, 03/4/09) que el litigante, eufórico por su victoria judicial, olvidaba que “todos sabemos cómo y dónde se obtienen algunos fallos de nuestros venerables tribunales; las complicidades, amistades, e intereses que empujan las sentencias por las inmundas cañerías del sistema”.&lt;br/&gt;Ha faltado voluntad política. La vida sigue su curso, pero no olvidamos la matanza de la Plaza de las Tres Culturas (o “de las sepulturas”, como la apodó Demetrio Vallejo, o “de los sacrificios”, como la llamó Octavio Paz después de la tragedia). Decía Paz que sólo cuando se conteste el ¿por qué? del inolvidable cartón de Abel Quezada “podrá el país recobrar la confianza en sus líderes y en sus instituciones”.&lt;br/&gt;Treinta años después de la masacre escribí en La Jornada (“In memoriam”, 02/10/98) que la brutal represión “compró la paz de los sepulcros y la paseó como escarmiento por el territorio nacional, hasta que el espectro de la violencia se encarnó nuevamente en el conflicto de Chiapas”. Después de Tlatelolco siguió la fiesta; después de Chiapas, también; después de Acteal… Quizá por eso la poetisa Rosario Castellanos cerró su hermoso Memorial de Tlatelolco con un melancólico presentimiento: “al día siguiente, nadie. /La plaza amaneció barrida; /los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo (…) /ni un minuto de silencio en el banquete./ (Pues prosiguió el banquete.)</description>
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      <title>Las juanitas de San Lázaro&#13;&#13;&#13;&#13;</title>
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      <pubDate>Thu, 17 Sep 2009 11:56:05 -0500</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Entries/2009/9/17_Las_juanitas_de_San_L%C3%A1zaro_files/sillasX12.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.jorgecamil.com/Site/art%C3%ADculos/Media/object000_8.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:88px; height:66px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Ocho diputadas marrulleras, escogidas por sus partidos políticos con el único propósito de aparentar que cumplían con la cuota de género que exige el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), renunciaron al puesto inmediatamente después de haber sido instaladas en San Lázaro. El propósito era permitir que sus suplentes varones, algunos de los cuales están asociados con Televisa, cumplieran el término electoral para el que fueron elegidas. Con esa burda maniobra, ellas, sus suplentes y sus respectivos partidos políticos pretendían burlarse olímpicamente de las cuotas de género.&lt;br/&gt;Las juanitas se convirtieron en el mil usos que por unas cuantas monedas te guarda lugar en la cola. Al contrario de Juanito,  quien prometió públicamente renunciar en favor de Clara Brugada en caso de salir victorioso, las pícaras juanitas  de San Lázaro prometieron lo mismo, pero en lo oscurito. Engañaron al sistema electoral asumiendo a priori,  y a espaldas de los votantes, el compromiso de renunciar en favor de suplentes que rondaban cínicamente afuera del salón de plenos esperando tomar posesión; eran amigos,  esposos y familiares de las propias juanitas.    &lt;br/&gt;Interrogado sobre el tema, el senador Beltrones, siempre eficaz en el manejo de la retórica florida que prevaleció en la época dorada del PRI, declaró no estar convencido de que las renuncias constituyan violaciones a la ley, pero después, con esa lógica maniquea de los políticos, reconoció que sí son actos que “no dignifican al Congreso”. ¡Vaya!, quizá Beltrones recordó al inefable Luis Echeverría y concluyó erróneamente que las renuncias de las juanitas no le hacían daño a nadie (“ni nos benefician ni nos perjudican, sino todo lo contrario”). Sin embargo, ¿qué pensaría el senador de un pintor famoso que, tras recibir un jugoso anticipo para pintar el retrato del ilustre tribuno, realizara la obra a través de su primo, un pintor ramplón de brocha gorda? ¿Concluiría que el acto es un fraude, como lo es, o con el mismo desparpajo lo calificaría como un acto que “no dignifica al arte pictórico”?&lt;br/&gt;En un sistema electoral que pretende ser democrático las cuotas de género, diseñadas históricamente para garantizar el acceso equitativo de la mujer a los puestos de elección popular, no deberían ser materia de burla ni de “estrategias políticas”. Claramente, el propósito del legislador no era abrir una puerta falsa para “engañar” al Instituto Federal Electoral (IFE), demostrando que en el momento preciso del registro los candidatos “cumplen” con las cuotas de género. La finalidad es garantizar que las mujeres, en caso de llegar al Congreso, cumplan cabalmente con los mandatos conferidos. ¿Conocerán las juanitas de marras la venerable historia de las “cuotas de género”? ¡Qué va!, no tienen la menor idea. Renunciando todas a una, justo después de la protesta, evidenciaron torpeza y un descarado fraude a la ley. Con un lenguaje neutro que respeta la igualdad de géneros, pero que tiene siempre en mente a la mujer, el Cofipe exige que las mujeres tengan acceso a los puestos de elección popular en una proporción “mínima” de 40 por ciento, “procurando llegar a la paridad”.&lt;br/&gt;José Woldenberg escribió un artículo bien fundamentado (Reforma, “Fraude a la ley”, 10/9/09), en el que no obstante el título concluyó que quizá no exista una “violación literal” a la ley, pero que la “jugarreta indigna” constituye un desacato al espíritu de la misma. Viniendo de quien viene su conclusión es decepcionante. Se acerca a la postura de Beltrones (“tal vez no sea violación, pero no dignifica al Congreso”). Si lo quieren “dignificar” estudien bien las figuras penales de la simulación, falsedad en declaraciones o fraude (los códigos lo definen como “engañar a otro, o aprovecharse del error en que se halla, para hacerse ilícitamente de alguna cosa o alcanza un lucro indebido”). Les pregunto a José Woldenberg y al senador Beltrones: ¿obtener un escaño en el Congreso mediante mentiras, engaños, estrategias innobles y fraude a la ley no constituye una simulación o un lucro indebido? Resulta increíble que el IFE no haya iniciado una averiguación contra todos los involucrados: las juanitas, sus suplentes, y los funcionarios de los partidos. Dentro de las juanitas hay cuatro discípulas del acomodadizo niño verde (¡menuda sorpresa!), dos diputadas del PRI (¡eh ahí la causa del predicamento del Senador Beltrones!), una del PRD y otra el Partido del Trabajo: ¡todas culpables! Yulma Rocha, la diputada priísta que pretende ceder su curul al ex secretario de Francisco Labastida declaró con desenfado, y con desconocimiento del derecho electoral y del propósito de las cuotas de género, “las posiciones plurinominales son posiciones del partido (o sea cotos de poder), y éste puede hacer con ellas lo que más le conviene”. Ha llegado el momento de revisar la reelección de los diputados para garantizar la rendición de cuentas, y de eliminar la viciada institución de los plurinominales. ¿Para qué sirven: para perpetrar fraudes como el que pretenden las juanitas de San Lázaro?</description>
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